Ella aguarda en la otra orilla del mar
yo he sido viento, he sido mar, he sido cielo,
sólo para verte,
pero aún eso no me ha bastado,
mariposa prófuga de siete mares.
En parte, ya quiero dejar de ser ola
pero esta (emparrada) soledad me detiene
y no importan los viajes o los horizontes que haga, siempre llego al este sitio,
a tu sombra lejana, a tus pasos arrugados, en esta pequeña nada de la que me he acostumbrado hacerla mi refugio y desde entonces fue la (escolanía) de mi vida,
que en cada nueva serenata buscaba siempre el eco azucarado de tu voz,
para dedicarle la mejor canción,
el mejor poema.
Ahora estoy aquí y me doy cuenta nuevamente que tus cielos de princesa no se hicieron para el mar, y que cada ola que cae adormecida siempre fue solo un ciclo de espera absurdo, y que nunca te traerán a mí de nuevo; ahora me doy cuenta que esta espuma viajaba sola y que te separaste de ella murmurando vituperios entre las paredes.
Pero sabes?, yo siempre quise navegar junto a ti en este mar que se desborda, aunque (tu aleteo de pez volátil) no quería mezclarse con la brisa nocturna que nos entrelazaba, ni formar parte de dos cuerpos farragosos que se quieren en un solo mundo,
no,
tu debías volver al tuyo y yo seguir mirándote y dejar de prisa la idea utópica de que me quieras.
No quiero caer en la (irónica osadía) de decir te quiero y procurar un poco de tu mirada, pero esta profusa tentación de ver tu belleza de sirena va convirtiendo las palabras en una (vitalicia) agonía; entonces callo, y en ese efímero silencio, veo pasar tu (zozobra) para pretender dejarme libre, pero en ese momento digo otra vez que te quiero y que te espero en cada ola,
y la libertad se despedaza.
yo he sido viento, he sido mar, he sido cielo,
sólo para verte,
pero aún eso no me ha bastado,
mariposa prófuga de siete mares.
En parte, ya quiero dejar de ser ola
pero esta (emparrada) soledad me detiene
y no importan los viajes o los horizontes que haga, siempre llego al este sitio,
a tu sombra lejana, a tus pasos arrugados, en esta pequeña nada de la que me he acostumbrado hacerla mi refugio y desde entonces fue la (escolanía) de mi vida,
que en cada nueva serenata buscaba siempre el eco azucarado de tu voz,
para dedicarle la mejor canción,
el mejor poema.
Ahora estoy aquí y me doy cuenta nuevamente que tus cielos de princesa no se hicieron para el mar, y que cada ola que cae adormecida siempre fue solo un ciclo de espera absurdo, y que nunca te traerán a mí de nuevo; ahora me doy cuenta que esta espuma viajaba sola y que te separaste de ella murmurando vituperios entre las paredes.
Pero sabes?, yo siempre quise navegar junto a ti en este mar que se desborda, aunque (tu aleteo de pez volátil) no quería mezclarse con la brisa nocturna que nos entrelazaba, ni formar parte de dos cuerpos farragosos que se quieren en un solo mundo,
no,
tu debías volver al tuyo y yo seguir mirándote y dejar de prisa la idea utópica de que me quieras.
No quiero caer en la (irónica osadía) de decir te quiero y procurar un poco de tu mirada, pero esta profusa tentación de ver tu belleza de sirena va convirtiendo las palabras en una (vitalicia) agonía; entonces callo, y en ese efímero silencio, veo pasar tu (zozobra) para pretender dejarme libre, pero en ese momento digo otra vez que te quiero y que te espero en cada ola,
y la libertad se despedaza.