buhita
Poeta asiduo al portal
¡Ella! y la pequeña
Esa pequeña se encontraba rodeada de un mar superficial
que sus ojos creaban, aflorando, el ahogo sentimental.
Arremetían los demacrados dedos una maraña de tersos cabellos,
danzando desgraciados, el infortunio de su desolada dueña.
¡Ella! La sublimidad de su aura la dotaba de inmensidad,
y las palabras en sus labios se tornaban en tenues melodías.
Desbordada de gracia sostenía sin saberlo, esperanzas ajenas
que se trasnochaban tras la incógnita del valor que poseían.
Y ¡Ella! era la suerte adversa de la pequeña.
La pequeña se esforzaba y plantando ilusiones en sus propios sueños
se disolvía el secreto; se alejaba inconciente de ser su sustento.
Y pensaba, y sentía, y no entendía, y luchaba, y perdía, y decaía.
Experimentaba sensaciones de la intensidad del viento, sin quererlo.
¡Ella! dormía al tranquilo ritmo de sus fantasías, en su vida;
ignorando realidades que la pequeña hacia para mantener la cercanía.
No comprendió aquella tarde palpablemente mortal en Altamira
que la gente consumía la intimidad que la pequeña tanto quería.
E imaginaba su faz junto a la de ¡Ella!, sus besos acelerando el momento;
pero caía desquiciada en puros cuentos, parecía demente por completo.
Es posible que el alma necesite de esa presencia al instante de conocerla,
mientras ¡Ella! no percibía la misma necesidad de la pequeña.
Esa chicuela exhortaba a lo sobrenatural para obtener el afecto ideal,
ese que solo ¡Ella! mantenía tan intacto y desbordante de vitalidad.
Sustituyendo sueños de almohada por anhelos tan cercanos como imposibles;
la pequeña era presa de algo tan táctil como sublime.
Ahora ¡Ella! maneja serenamente los hilos del títere;
el títere sigue con placer los impulsos de su sentir, dirigidos por ¡Ella!.
Los olores que conforman a ¡Ella! envuelven a la pequeña,
y la pequeña por siempre estará cristalizada para ¡Ella!.
Dedicado a ¡Ella!: Karim
De: su pequeña Cristal
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