ELLA Y TU (Serventesios)
Desataste la venda de mis ojos,
me ayudaste a vencer al desatino,
alimentaste mi alma, yo de hinojos
sentía sobre mí un poder divino.
Correr de mi desgracia no podía,
mi alma era despedida, destrozada,
el corazón huérfano fallecía
estocado por esa desalmada.
Fuiste antorcha de mi obscuro camino,
llegaste a rescatarme del suplicio
donde por un mandato del destino,
arrojado fui al hondo precipicio.
Si tuviera el poder de bendecirte
y colmarte de gloria en los altares,
ni así pagar podría lo que hiciste
librándome de aquella y sus maldades.
Tan solo me limito en ofrecerte,
limaduras de mi alma lacerada
en ese infierno donde Dios en suerte
por mis imperfecciones me mandara.
La deuda fue pagada, y demasiado,
a cambio llegas tú, mi niña bella.
¡Señor! Si mi sentencia has revocado;
¡Te ruego nunca! Me separes de ella.
Ramiro Ponce P.