inansangus
Poeta recién llegado
Ella y yo
La palidez detrás de su frente bullía acongojada
demostrando un delirio de nube lustral antes que llegue;
tenía dos patas pero no caminaban sino que levitaban
bajo unos empañados ojos ciegos y oblicuos de pestañas legañosas,
en donde su risa de microbios sin viento se enjuagaba con los de mi alma.
Saboreándome en sus oídos sabía que regresaba jalando mi mente insonante,
rebalsándome de una atmósfera cálida que ella oyendo se la comía,
y su fisonomía risible enredada de sueños se enderezó al oírme
arrastrándose sobre su pecho, llenándose la boca de resuello,
dejando de comer el humos del suelo y las heces de los muertos,
emanando por su piel ese inerte aroma a muerte
y el de las flores por su boca que a la vez era su vientre.
Incorporándose, ahogándose, retozándose, viniéndose en las atmósferas,
llorando en silencio el desmayo voluble y eterno de mi alma;
para que ella con su aliento purificarme con sus besos de dos, de esos ojos sin voz y lamerme la piel de mi espalda con sus alegrías a tientas
con todos sus párpados y la voz de sus labios muertos.
Al verme, consolándome llegaron primero sus deseos que su cuerpo,
dejando atrás esa forma perdida, esas nuestras dolorosas heridas;
viniendo después su presencia parsimoniosa... esa sí es la luz para mi vida.
Una vez enséñome a rezar, juntó nuestras manos para dar gracias a Dios
colocando una plegaria a la ave María y otra letanía a un triángulo sacro asexual milagroso con esa ave insanguínea;
por rehacernos el milagro de nuestra vida con olores de polen inerte de alegrías
y de sonidos sollozos en nuestros abrazos con sedimentos inarmónicos
que tienen mucho más que palabras en vida
de un aerobio y de la reina de los microbios...
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