Vladimir Rommel
Poeta recién llegado
Más linda que un cielo despejado, en una noche de invierno,
más sutil que la brisa que acaricia su cuerpo,
callada como las olas del mar embravecido,
y risueña como las estrellas, que coquetean en el silencio.
Como para empezar a amarla, la tengo siempre entre mis sueños,
pues me acuesto con su sonrisa, impregnada en mis anhelos,
y despierto con su mirada, retratada en mi silencio.
Más cercana que el sol y más distante que mi sombra,
más hermosa que un libro y más fuerte que mil horas,
libre como en un sueño, atada a cien palomas,
y trágica como el día, que se muere en la penumbra.
Como para no olvidarla, mi mirada la busca entre las nubes y entre los ríos
y sigo sus huellas perfumadas por el aliento de sus suspieros,
y navego en su risa, en sus ojos, en sus cabellos,
pero naufrago en sus manos, en sus labios, en sus deseos.
Más sincera que un espejo y más ligera que el viento,
más hiriente que una navaja y más temible que un leóm hambriento,
Indefensa como una niña, perdida entre sus sueños
y solitaria como la luna, en ese inmenso cielo.
Como para nunca dejar de amarla, se filtra por mis venas hasta el fonde de mi alma,
y se incrusta en mis pensamientos adueñándose de mis palabras,
y la tengo dentro muy dentro, aunque sé que no me ama,
pero la miro y le hablo como si yo no sintiera nada.
más sutil que la brisa que acaricia su cuerpo,
callada como las olas del mar embravecido,
y risueña como las estrellas, que coquetean en el silencio.
Como para empezar a amarla, la tengo siempre entre mis sueños,
pues me acuesto con su sonrisa, impregnada en mis anhelos,
y despierto con su mirada, retratada en mi silencio.
Más cercana que el sol y más distante que mi sombra,
más hermosa que un libro y más fuerte que mil horas,
libre como en un sueño, atada a cien palomas,
y trágica como el día, que se muere en la penumbra.
Como para no olvidarla, mi mirada la busca entre las nubes y entre los ríos
y sigo sus huellas perfumadas por el aliento de sus suspieros,
y navego en su risa, en sus ojos, en sus cabellos,
pero naufrago en sus manos, en sus labios, en sus deseos.
Más sincera que un espejo y más ligera que el viento,
más hiriente que una navaja y más temible que un leóm hambriento,
Indefensa como una niña, perdida entre sus sueños
y solitaria como la luna, en ese inmenso cielo.
Como para nunca dejar de amarla, se filtra por mis venas hasta el fonde de mi alma,
y se incrusta en mis pensamientos adueñándose de mis palabras,
y la tengo dentro muy dentro, aunque sé que no me ama,
pero la miro y le hablo como si yo no sintiera nada.