RAUL CONTRERAS
Poeta recién llegado
Ella, alegre y juvenil, esbelta de talle,
cálida como trece primaveras que comienzan
a entibiar, caminaba resuelta como si buscándole.
Él, allí, en la incertidumbre de las horas,
quieto, como sintiéndola, como anunciando
que vendría.
Él, ataviado de inviernos, melancólico,
en su soledad, esperaba.
Qué precoces ante el mundo eran.
Una mirada les atrapó y fueron, más tarde,
sus besos recién nacidos hojas al viento,
y sus bocas, cauces ansiosos de incipiente río.
Pobres sus atrevidos goces, pobres sus ilusiones
y en medio, la mezquindad del tiempo
horadando sus frágiles sueños.
cálida como trece primaveras que comienzan
a entibiar, caminaba resuelta como si buscándole.
Él, allí, en la incertidumbre de las horas,
quieto, como sintiéndola, como anunciando
que vendría.
Él, ataviado de inviernos, melancólico,
en su soledad, esperaba.
Qué precoces ante el mundo eran.
Una mirada les atrapó y fueron, más tarde,
sus besos recién nacidos hojas al viento,
y sus bocas, cauces ansiosos de incipiente río.
Pobres sus atrevidos goces, pobres sus ilusiones
y en medio, la mezquindad del tiempo
horadando sus frágiles sueños.