aaf
Poeta recién llegado
Defenestren, vulgares y violentos, la palabrería del recuerdo!
La diatriba sísmica del impulso sufragante desde el instinto
para reblandecer el razonamiento que decide y asume.
Los vientos nirvánicos de la adolescencia
vuelven con sus retemplanzas que amoldaban nuestras almas
y renuevan sus promesas, azarosas y mágicas, de paz y amor.
Es el nuevo canto de sirenas que merodea por los arrabales
que se niegan a morir entre chapas coloridas,
donde el vulgo hace de sus días la masa del alimento permanente.
Es el espíritu Sanmartiniano que recorre pasillos y bancas
gesticulando con desagrado ante los perfumados endiosados
que menean sus carencias haciendo gala de sus faltas de grandeza.
Es la negación que presiona y cercena el crecimiento popular
con sus fatídicas decisiones enanas y nefastas expresiones
por el desarraigo de los amores difíciles de sostener.
Es la soberbia enseñoreada de palaciegos triunfos
denostando la verdad y desplazando risueñamente su aridez
por los jardines de la muerte, donde los magistrados pasean.
Democracia como sueño: es la premisa errática y esquiva.
Una puñalada más en el soliloquio del culto propio
que ensalza esas vidas de espejos y ocultamientos.
Créelo! la hora se hará presente cuando el destino empuje.
Créelo! el ciclo que todo lo termina volverá a su cause
y el guiño del futuro dirá que todo fue una pérdida de tiempo.
Pergeñando su fortaleza, el celeste y blanco soleado en guerra,
como era cuando el orgullo afloraba desde la tradición y el cielo,
hará crujir los pisos donde desoyen la voz de los símbolos
y descubriremos nuevos horizontes encintados en historia,
floridos en ceibos púrpura y pacientes febos que asoman.
Descuida hermano... no habrá sangre, porque todo es nuestro.
Fútil martirio del victimario que sufre,
recuérdale a tu elegido solitario quienes somos, que fuimos,
para que mitigue sus ausencias y presuponga que seremos.
Firme lucha del mártir que sufre, que llevas el mismo camino,
recuérdanos los muertos de los días de las tristes guerras,
Recuérdanos a todos, lo que somos, lo que tenemos y... empecemos.
La diatriba sísmica del impulso sufragante desde el instinto
para reblandecer el razonamiento que decide y asume.
Los vientos nirvánicos de la adolescencia
vuelven con sus retemplanzas que amoldaban nuestras almas
y renuevan sus promesas, azarosas y mágicas, de paz y amor.
Es el nuevo canto de sirenas que merodea por los arrabales
que se niegan a morir entre chapas coloridas,
donde el vulgo hace de sus días la masa del alimento permanente.
Es el espíritu Sanmartiniano que recorre pasillos y bancas
gesticulando con desagrado ante los perfumados endiosados
que menean sus carencias haciendo gala de sus faltas de grandeza.
Es la negación que presiona y cercena el crecimiento popular
con sus fatídicas decisiones enanas y nefastas expresiones
por el desarraigo de los amores difíciles de sostener.
Es la soberbia enseñoreada de palaciegos triunfos
denostando la verdad y desplazando risueñamente su aridez
por los jardines de la muerte, donde los magistrados pasean.
Democracia como sueño: es la premisa errática y esquiva.
Una puñalada más en el soliloquio del culto propio
que ensalza esas vidas de espejos y ocultamientos.
Créelo! la hora se hará presente cuando el destino empuje.
Créelo! el ciclo que todo lo termina volverá a su cause
y el guiño del futuro dirá que todo fue una pérdida de tiempo.
Pergeñando su fortaleza, el celeste y blanco soleado en guerra,
como era cuando el orgullo afloraba desde la tradición y el cielo,
hará crujir los pisos donde desoyen la voz de los símbolos
y descubriremos nuevos horizontes encintados en historia,
floridos en ceibos púrpura y pacientes febos que asoman.
Descuida hermano... no habrá sangre, porque todo es nuestro.
Fútil martirio del victimario que sufre,
recuérdale a tu elegido solitario quienes somos, que fuimos,
para que mitigue sus ausencias y presuponga que seremos.
Firme lucha del mártir que sufre, que llevas el mismo camino,
recuérdanos los muertos de los días de las tristes guerras,
Recuérdanos a todos, lo que somos, lo que tenemos y... empecemos.