Alberto J. Pacheco Buezo
Poeta recién llegado
Emperatriz por coronarse
Nadie duerme imaginándola, oh, bella Emperatriz.
Sobre el mismo sol puesto esta su trono,
Y cada fibra musculada de mi corazón le es vasallo,
Felizmente dados, bebiendo amor del oro del cáliz.
Conquistó mi vida por la puerta de letras,
Bombardeó de versos mis motivos,
Asentó en estratégicos paramos sus sonrisas.
Capitulé al amor, al quedarme silente junto a su retrato.
Trajo la primavera a un árido suelo,
En sus pisadas crecieron jazmines tornasoles
Movió a la luna al día y trajo el sol a la noche
Y muy amorosamente, devolvió la vida a un poeta muerto.
Espera ya nada más de la coronación el día,
Mil soldados con traje de poema harán pasillo,
Dos mil atardeceres en compañía del consorte le aguardan,
Hasta entonces vuelve de sus conquistas ilusionada.
Aguarda en donde la tierra besa a las aguas,
Mientras ve al horizonte por un camino entre montañas
Al tiempo acercarse impaciente, trayendo consigo una corona
En la que son joyas los besos del amado.
Nadie duerme imaginándola, oh, bella Emperatriz.
Sobre el mismo sol puesto esta su trono,
Y cada fibra musculada de mi corazón le es vasallo,
Felizmente dados, bebiendo amor del oro del cáliz.
Conquistó mi vida por la puerta de letras,
Bombardeó de versos mis motivos,
Asentó en estratégicos paramos sus sonrisas.
Capitulé al amor, al quedarme silente junto a su retrato.
Trajo la primavera a un árido suelo,
En sus pisadas crecieron jazmines tornasoles
Movió a la luna al día y trajo el sol a la noche
Y muy amorosamente, devolvió la vida a un poeta muerto.
Espera ya nada más de la coronación el día,
Mil soldados con traje de poema harán pasillo,
Dos mil atardeceres en compañía del consorte le aguardan,
Hasta entonces vuelve de sus conquistas ilusionada.
Aguarda en donde la tierra besa a las aguas,
Mientras ve al horizonte por un camino entre montañas
Al tiempo acercarse impaciente, trayendo consigo una corona
En la que son joyas los besos del amado.