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En aquel campo viejo

AnonimamenteYo

Poeta adicto al portal
En aquel campo viejo
siempre nos esperaba
un árbol pequeño,
que soñaba ser sauce.
Nos vigilaba de reojo,
cobijándonos del sol de la tarde.
Éramos dos niños grandes,
con dedos de barro,
jugando a ser eternos.
Recuerdo aquel primer día,
bajo su apretada sombra,
que mis ojos te miraron
como nunca habían mirado a nadie.
Era un día de primavera,
de hierba tan alta y verde,
como pintada de acuarela.
Tú llegaste bailando,
descalza, despeinando el rocío,
y te sentaste a mi lado.
El cielo respiraba tu aroma a canela.
No dijiste nada,
y todo el bosque inquieto
sostuvo mi aliento.
Yo no sabía qué hacer,
mis palabras querían
enredarse en tu melena.
Te reías del temblor de mis manos,
y mi pecho,
que era una cueva de piedra,
de repente tuvo balcones, ventanas y patio.
Cuando nos fuimos del árbol,
tu nombre quedó grabado
entre los anillos de madera.
Tú, apresaste el mío,
en el carmesí de tus labios.
Desde entonces, regreso cada primavera,
examino sus ramas con cuidado,
a ver si han florecido
los besos que dejamos en el aire sembrados.
 
Última edición:
En aquel campo viejo
siempre nos esperaba
ese árbol pequeño,
que soñaba ser sauce.
Nos vigilaba de reojo,
cobijándonos del sol de la tarde.
Dos niños grandes,
con dedos de barro,
jugando a ser eternos.
Recuerdo aquel primer día,
bajo su apretada sombra,
que mis ojos te miraron
como nunca habían mirado a nadie.
Era un día de primavera,
de hierba tan alta y verde,
como pintada de acuarela.
Tú llegaste bailando,
descalza, despeinando el rocío,
y te sentaste a mi lado.
El cielo respiraba tu aroma a canela.
No dijiste nada,
y todo el bosque inquieto
sostuvo mi aliento.
Yo no sabía qué hacer,
mis palabras querían
enredarse en tu melena.
Te reías del temblor de mis manos,
y mi pecho,
que era una cueva de piedra,
de repente tuvo balcones, ventanas y patio.
Cuando nos fuimos del árbol,
tu nombre quedó grabado
entre los anillos de madera.
Tú, apresaste el mío,
en el carmesí de tus labios.
Desde entonces, regreso cada primavera,
examino sus ramas con cuidado,
a ver si han florecido
los besos que dejamos sembrados en el aire.
Que recuerdos aquellos.
Siempre es bueno regresar y recordar en donde fuimos felices.
De seguro han florecido, porque el amor los multiplica.

Saludos
 
En aquel campo viejo
siempre nos esperaba
un árbol pequeño,
que soñaba ser sauce.
Nos vigilaba de reojo,
cobijándonos del sol de la tarde.
Éramos dos niños grandes,
con dedos de barro,
jugando a ser eternos.
Recuerdo aquel primer día,
bajo su apretada sombra,
que mis ojos te miraron
como nunca habían mirado a nadie.
Era un día de primavera,
de hierba tan alta y verde,
como pintada de acuarela.
Tú llegaste bailando,
descalza, despeinando el rocío,
y te sentaste a mi lado.
El cielo respiraba tu aroma a canela.
No dijiste nada,
y todo el bosque inquieto
sostuvo mi aliento.
Yo no sabía qué hacer,
mis palabras querían
enredarse en tu melena.
Te reías del temblor de mis manos,
y mi pecho,
que era una cueva de piedra,
de repente tuvo balcones, ventanas y patio.
Cuando nos fuimos del árbol,
tu nombre quedó grabado
entre los anillos de madera.
Tú, apresaste el mío,
en el carmesí de tus labios.
Desde entonces, regreso cada primavera,
examino sus ramas con cuidado,
a ver si han florecido
los besos que dejamos sembrados en el aire.

De lo más hermoso que leí en los últimos tiempos.
No digo más, es un poema precioso de esos que tocan el corazón.
Fue un gusto recorrer tus letras esta mañana.
Muy feliz domingo.
 
De lo más hermoso que leí en los últimos tiempos.
No digo más, es un poema precioso de esos que tocan el corazón.
Fue un gusto recorrer tus letras esta mañana.
Muy feliz domingo
de lo más bonito que han dicho sobre mis letras:oops:
gracias por dejar tan hermoso comentario. Lo guardo en el cajón desastre ese mío de cosas para salvar en una invasión extraterreste :)
Un abrazo fuerte
Feliz domingo:);)
 
Es un bellisimo poema Paco, dulce, tierno y muy romántico. Ese primer amor tan puro posee magia y nos acompañara por siempre. Es de esos recuerdos que nos sacan una sonrisa a lo largo de la vida.
Fue un placer leer tan exquisita obra poeta.
Un gran abrazo y que tengas una semana hermosa y llena de inspiración.
debo reconocer que es uno de los que más me ha costado (en tiempo) y satisfecho estoy, es uno de mis favoritos
me alegra te haya gustado, y agradecido eternamente por tan bello comentario
buena semana para ti y un gran abrazote :)
 
En aquel campo viejo
siempre nos esperaba
un árbol pequeño,
que soñaba ser sauce.
Nos vigilaba de reojo,
cobijándonos del sol de la tarde.
Éramos dos niños grandes,
con dedos de barro,
jugando a ser eternos.
Recuerdo aquel primer día,
bajo su apretada sombra,
que mis ojos te miraron
como nunca habían mirado a nadie.
Era un día de primavera,
de hierba tan alta y verde,
como pintada de acuarela.
Tú llegaste bailando,
descalza, despeinando el rocío,
y te sentaste a mi lado.
El cielo respiraba tu aroma a canela.
No dijiste nada,
y todo el bosque inquieto
sostuvo mi aliento.
Yo no sabía qué hacer,
mis palabras querían
enredarse en tu melena.
Te reías del temblor de mis manos,
y mi pecho,
que era una cueva de piedra,
de repente tuvo balcones, ventanas y patio.
Cuando nos fuimos del árbol,
tu nombre quedó grabado
entre los anillos de madera.
Tú, apresaste el mío,
en el carmesí de tus labios.
Desde entonces, regreso cada primavera,
examino sus ramas con cuidado,
a ver si han florecido
los besos que dejamos en el aire sembrados.
Bonito recuerdo junto a un árbol que fue el cómplice de un gran amor.
Saludos.
 
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