En carne viva
escuece hasta el hambre.
Agoniza cada segundo
en que deriva la espera.
Anodinas palabras,
oscurecen el ya negro fondo,
sibilinos anhelos
apuntalan sus ventanas
entre millares de uñas muertas.
Permaneceré aquí,
hambriento,
tras las rejas del quizás,
hibernando
hasta el momento en que mis ojos,
podridos de no verte,
cumplan al fin,
con su cometido.
escuece hasta el hambre.
Agoniza cada segundo
en que deriva la espera.
Anodinas palabras,
oscurecen el ya negro fondo,
sibilinos anhelos
apuntalan sus ventanas
entre millares de uñas muertas.
Permaneceré aquí,
hambriento,
tras las rejas del quizás,
hibernando
hasta el momento en que mis ojos,
podridos de no verte,
cumplan al fin,
con su cometido.