jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
desde el reclusorio de alta seguridad en las islas marías,
cada vez más cursi
te fuiste y no me quedó nada;
sólo esta vida que no se me acaba
y me hace vivirla aunque no quiera
impulsando por sí misma la sangre que corre por mis venas
y este cuerpo que se sigue moviendo
y se las arregla por sí solo para llevarme de un lado a otro
y me levanta y me da un baño y me hace tomar café
y me camina por las calles y me sube a los camiones
o me sienta a la mesa de una terraza
y me pone a ver pasar gente
y absorbe oxígeno mientras tanto
y procesa alimentos mientras tanto
y no considera necesario morirse mientras tanto
no cuando todas sus partes funcionan a la perfección
las piernas, el hígado, los riñones
el intestino, los pulmones, las glándulas suprarrenales
todo trabajando de puta madre
las arterias están como nuevas, el esófago parece hecho de acero
cada una de las articulaciones gira y se dobla y se desdobla
como si estuviera hecha de goma
una máquina de ferrari recién salida de la línea de ensamblado
no funcionaría mejor
el puto corazón tal vez está hecho mierda
pero ya nadie se muere por eso
vas con el cirujano y te lo quitan
te despegan el cochambre acumulado en el hueco a base
de un líquido anti-sarro con aroma a lavanda
en su lugar te ponen un par de válvulas de pvc y una batería de ipod
la porquería que te sacan del pecho termina en la basura
tu amor perdido, tu dolor sin límites, tu desesperación
las madrugadas llorando con una foto de aurorita en la mano
-mi niña, si lees esto, todavía te quiero, preciosa-
meten todo eso en una bolsa negra que luego incineran
te mandan luego una semana a la orilla del mar
si alguna vez te da un dolor o sientes alguna punzada
te tomas dos aspirinas y una cerveza
si el dolor persiste eres caso perdido:
cómprate entonces una libreta y escríbele a tu jodido amor
todas esas pedorras cosas que escriben los poetas
cada vez más cursi
te fuiste y no me quedó nada;
sólo esta vida que no se me acaba
y me hace vivirla aunque no quiera
impulsando por sí misma la sangre que corre por mis venas
y este cuerpo que se sigue moviendo
y se las arregla por sí solo para llevarme de un lado a otro
y me levanta y me da un baño y me hace tomar café
y me camina por las calles y me sube a los camiones
o me sienta a la mesa de una terraza
y me pone a ver pasar gente
y absorbe oxígeno mientras tanto
y procesa alimentos mientras tanto
y no considera necesario morirse mientras tanto
no cuando todas sus partes funcionan a la perfección
las piernas, el hígado, los riñones
el intestino, los pulmones, las glándulas suprarrenales
todo trabajando de puta madre
las arterias están como nuevas, el esófago parece hecho de acero
cada una de las articulaciones gira y se dobla y se desdobla
como si estuviera hecha de goma
una máquina de ferrari recién salida de la línea de ensamblado
no funcionaría mejor
el puto corazón tal vez está hecho mierda
pero ya nadie se muere por eso
vas con el cirujano y te lo quitan
te despegan el cochambre acumulado en el hueco a base
de un líquido anti-sarro con aroma a lavanda
en su lugar te ponen un par de válvulas de pvc y una batería de ipod
la porquería que te sacan del pecho termina en la basura
tu amor perdido, tu dolor sin límites, tu desesperación
las madrugadas llorando con una foto de aurorita en la mano
-mi niña, si lees esto, todavía te quiero, preciosa-
meten todo eso en una bolsa negra que luego incineran
te mandan luego una semana a la orilla del mar
si alguna vez te da un dolor o sientes alguna punzada
te tomas dos aspirinas y una cerveza
si el dolor persiste eres caso perdido:
cómprate entonces una libreta y escríbele a tu jodido amor
todas esas pedorras cosas que escriben los poetas
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