Alejandro Magno
Poeta recién llegado
No terminaba aún de sonar la campana,
y ya me habías dibujado una sonrisa de orilla a orilla.
Sentí la humedad de tu primer golpe de lleno en mi cara,
un ruidoso beso que inundo mi vacía mejilla.
Decoraste con pinceladas de coloridas caricias,
esta obra de arte que poco tiene de maestra.
Y aunque la luna no le pertenece a nadie,
desde la nube que nos sirve de almohada, juraría que es nuestra.
Sin despegar miradas, nos hicimos un pacto de franqueza,
confiamos, aún con el bote de basura a punto de rebalsar de sueños.
Hartos de sentirnos títeres, juguetes del tiempo,
nos hicimos el uno al otro hasta el fin de los días nuestros dueños.
Nadie comprendería la fuerza que me une a tu cintura,
ni el miedo que sintiéndola lejos me embarga.
Después de todo, solo conoce el peso del dolor,
el corazón que en su espalda lo carga.
De nuevo y una vez más, me curás con delicadeza el alma,
me olvido hasta mi nombre en uno de tus besos.
Por fortuna, este amor no es discípulo del anterior,
hace dieta de palabras y se alimenta de hermosos hechos.
Sin preocuparte las evidencias, y sabiendo que, quizás,
no haya ciencia menos exacta que el amor.
Te jugás sin titubeos en este paño el corazón,
con los ojos apretados, apostas todo en solo dos dados, vos y yo.
Sabemos que las piedras serán las mismas en subida o en bajada,
lo que ayudara en el camino será la buena compañía.
Y el día que ya no haya caminos, y las montañas estén escondidas,
la llama eterna de nuestra pasión seguirá encendida.
y ya me habías dibujado una sonrisa de orilla a orilla.
Sentí la humedad de tu primer golpe de lleno en mi cara,
un ruidoso beso que inundo mi vacía mejilla.
Decoraste con pinceladas de coloridas caricias,
esta obra de arte que poco tiene de maestra.
Y aunque la luna no le pertenece a nadie,
desde la nube que nos sirve de almohada, juraría que es nuestra.
Sin despegar miradas, nos hicimos un pacto de franqueza,
confiamos, aún con el bote de basura a punto de rebalsar de sueños.
Hartos de sentirnos títeres, juguetes del tiempo,
nos hicimos el uno al otro hasta el fin de los días nuestros dueños.
Nadie comprendería la fuerza que me une a tu cintura,
ni el miedo que sintiéndola lejos me embarga.
Después de todo, solo conoce el peso del dolor,
el corazón que en su espalda lo carga.
De nuevo y una vez más, me curás con delicadeza el alma,
me olvido hasta mi nombre en uno de tus besos.
Por fortuna, este amor no es discípulo del anterior,
hace dieta de palabras y se alimenta de hermosos hechos.
Sin preocuparte las evidencias, y sabiendo que, quizás,
no haya ciencia menos exacta que el amor.
Te jugás sin titubeos en este paño el corazón,
con los ojos apretados, apostas todo en solo dos dados, vos y yo.
Sabemos que las piedras serán las mismas en subida o en bajada,
lo que ayudara en el camino será la buena compañía.
Y el día que ya no haya caminos, y las montañas estén escondidas,
la llama eterna de nuestra pasión seguirá encendida.