No te asustes de mí:
soy sólo una metáfora que imaginan tus ojos
y se habrá de esfumar
cuando te vayas.
Soy un ocaso extraviado
en los márgenes del verso
con el reloj exhausto
y el bolsillo y el alma
simétricamente desolados.
Recorren insistentes mis pupilas
las blancas latitudes de tu rostro
por comprobar que existes,
buscando entre tu aliento el sortilegio
que pueda construirme
como a una más de tus palabras.
Así,
cuando te vayas,
te quedarás en mí,
en mi cuerpo diluido,
con tu melena ingrávida,
el caudal de tu risa
y tus labios como pájaros de sangre.
soy sólo una metáfora que imaginan tus ojos
y se habrá de esfumar
cuando te vayas.
Soy un ocaso extraviado
en los márgenes del verso
con el reloj exhausto
y el bolsillo y el alma
simétricamente desolados.
Recorren insistentes mis pupilas
las blancas latitudes de tu rostro
por comprobar que existes,
buscando entre tu aliento el sortilegio
que pueda construirme
como a una más de tus palabras.
Así,
cuando te vayas,
te quedarás en mí,
en mi cuerpo diluido,
con tu melena ingrávida,
el caudal de tu risa
y tus labios como pájaros de sangre.