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En el antiguo pueblo de Malambhí.

Solsticio de primavera

Poeta fiel al portal
En el antiguo pueblo de Malambhí.


En el pequeño pueblo de Malambhí habitaba la pequeña Lamba y su padre.

En el antiguo pueblo de Malambhí,
medieval y solitario de bosques y arroyos,
vivía la pequeña Lamba con su padre enfermo
en una casita de leñas y tejas rojas.
Un día, el padre le pidió que vaya al pueblo vecino
cruzando la ciénaga a trocar artesanías por comida.
La hija sabía de los peligrosos monstruos que habitaban la ciénaga,
y por esa razón, el padre le dio antes de partir
una figura en miniatura de un doncel y un almanaque derruido.
La niña saludó afectuosamente a su padre con un beso en la mejilla
e ingresó por los senderos húmedos rumbo al pueblo más cercano, Tek Jaháli.
En el camino se encontró con un hermoso páramo pintado de flores rojas,
azules y amarillas, que hacían gala con el verde que las rodeaba,
y no pudo resistir la tentación de tenderse sobre la grama
a contemplar un cielo ocre y turbio que nunca cambiaba.
Lentamente el sueño le fue ganando entre recuerdos y figuras
que bailaban entre las nubes, ¡y qué sorpresa fue para ella cuando,
al despertarse,
un inmensa boa negra la miraba con sus pequeños ojitos brillantes
desde arriba de un árbol!
Lamba, sin embargo, no perdió más tiempo y, utilizando toda su astucia
y valentía formuló el siguiente estratagema:
-“boa negra que habitas en la ciénaga
puedes comerme si así lo deseas, ¡oh, boa negra!,
pero recuerda, pero recuerda,
que un tejón rayado te acecha desde la horqueta.”
La boa amedrentada ante el aviso de la pequeña giró rápidamente su cabeza
hacia la horqueta yuxtapuesta,
y al volver a voltear la cabeza, vio como la pequeña Lamba se escapaba.

La Boa comenzó la persecución
y al ver la pequeña Lamba
que la sierpe se acercaba
recordó los regalos de su padre,
y arrojó la estatuilla del doncel
tras su espalda.​

Rápidamente la estatuilla tomó vida, y un mancebo fuerte y garrido
no tardó en defenderla luchando contra la Boa,
infelizmente la Boa era una experta cazadora y no tardó en estrangularlo con sus anillos.
Nuevamente el arroyo negro y zigzagueante estaba a punto de alcanzar a la ya cansada Lamba.

Lamba, temiendo lo peor,
recordó el segundo regalo de su padre,
el almanaque,
e intentándolo arrojar tras su envés tropezó
con un roca
cayendo ella misma dentro del tiempo.​

Cuando Lamba despertó, se encontraba colgada de una rama observando con sus ojitos brillantes y pequeños una niña quedarse dormida al contar ovejas, y pensó, que ya era la hora de un buen almuerzo.
 
Una magnífica historia y una relación mágica, tan estranguladora como una boa y tan venenosa como todas las sierpes de un pantano... tan profundo como el tiempo.

Me causa una emoción profunda e inmensa entrar a tus poemas, porque sin ellos tener puerta, son una constelación entera.

Saludos,
 
Cuanto talento dos poemas, muchas estrellas y un gusto enorme de leerte, saludos ¡¡¡.

Nazagaki.
 

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