Teo Moran
Poeta fiel al portal
En el campo otra vez nace el trigo,
el caballo duerme en el agua
y la luna se ahoga con un suspiro…
Vienen las sombras de su boca
pintando de arrebol al camino,
verde menta y un rubor amarillo
por donde los hombres huyen
por el cauce que nace en el olvido.
-¡Las hojas cubren mi pecho
porque en él llevo frío invierno
con los carámbanos de la dehesa!
¡Ay que calladito llega el alba
que con su lienzo blanco
se lleva mis lágrimas cristalinas
y en sus labios soy recuerdo!
Las golondrinas son promesas
colgadas del balcón del alma,
son rosas encendidas y ajadas
que con sus pétalos derramados
trazan el camino del olvido,
dejan su aroma a indiferencia
y los árboles con su desnudez
son cuerpos humildes y marchitos.
¡Ay del trigo que nace en el campo
con la soledad de las amapolas
y con la frialdad de la lluvia!
¡Ay del camino que me aleja del campo
por la vereda de unos labios
que llevan salitre y fría escarcha!
El camino lleva pisadas de dolor,
huellas profundas de un querer,
el viento un nombre con su rumor
que en mi alma era melodía
y era copla de pequeños jilgueros,
una hoja que sin remedio moría
en el compás lento de la brisa
y con sus dedos rasgó las cuerdas del amor.
El campo florece en la mañana
y yo me adentro por el sendero
que se pierde en el balcón del alma
mientras de su boca la melodía:
¡Ay del corazón que dejó de amar
y se desangró sin vida en el pecho
porque su latido se llenará de recuerdos!
En el campo otra vez nace el trigo,
el caballo duerme en el agua
y la luna se ahoga con un suspiro…
el caballo duerme en el agua
y la luna se ahoga con un suspiro…
Vienen las sombras de su boca
pintando de arrebol al camino,
verde menta y un rubor amarillo
por donde los hombres huyen
por el cauce que nace en el olvido.
-¡Las hojas cubren mi pecho
porque en él llevo frío invierno
con los carámbanos de la dehesa!
¡Ay que calladito llega el alba
que con su lienzo blanco
se lleva mis lágrimas cristalinas
y en sus labios soy recuerdo!
Las golondrinas son promesas
colgadas del balcón del alma,
son rosas encendidas y ajadas
que con sus pétalos derramados
trazan el camino del olvido,
dejan su aroma a indiferencia
y los árboles con su desnudez
son cuerpos humildes y marchitos.
¡Ay del trigo que nace en el campo
con la soledad de las amapolas
y con la frialdad de la lluvia!
¡Ay del camino que me aleja del campo
por la vereda de unos labios
que llevan salitre y fría escarcha!
El camino lleva pisadas de dolor,
huellas profundas de un querer,
el viento un nombre con su rumor
que en mi alma era melodía
y era copla de pequeños jilgueros,
una hoja que sin remedio moría
en el compás lento de la brisa
y con sus dedos rasgó las cuerdas del amor.
El campo florece en la mañana
y yo me adentro por el sendero
que se pierde en el balcón del alma
mientras de su boca la melodía:
¡Ay del corazón que dejó de amar
y se desangró sin vida en el pecho
porque su latido se llenará de recuerdos!
En el campo otra vez nace el trigo,
el caballo duerme en el agua
y la luna se ahoga con un suspiro…