Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
EN EL CAPULLO DEL VIENTO
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Dormiré soñando o bien, despierto,
soñaré despierto o bien, durmiendo,
volaré desde el centro hasta el centro,
mas de ti, ni faltando ni muriendo.
Tal vez una arista vengadora,
o quizá varias sembradas en el campo,
me dirán que fueron muy pocas mis horas,
para amarte con mi risa o con mi llanto.
Me recordarán que no miré tus ojos,
inundados por las aguas de tu pena
que manaron por mis pérfidos antojos,
de hacerte a un lado, ausente, sola, ajena
De dejarte en la calle esperando,
temblando de la lluvia y de la nieve,
sin saber de tu grito: ¡hasta cuando¡,
sin notar que tu corazón te duele.
Oiré la canción que junto a mí,
compondrá la fuerza del otoño,
que entre nubes de aspecto carmesí,
surgirán esas notas sin escollos.
Aumentado además por tanta pena,
de mi alma, de tu alma y de esas liras,
mi amor volará por estas venas,
ya transparentes, de cristal, sin muda ira.
Y en el vaivén del aire esta coraza,
que llamamos corazón, centro de amores,
irá lento, rompiendo las mordazas,
que forjaron los artistas, los señores.
El hielo aplacará las negras iras,
el hielo de los polos y montañas,
y la nieve que baila cuando gira,
el pensamiento del Dios de esas cabañas.
El fuego entibiará esos cristales,
que urden el frío de esas bocas,
que expulsan amenazas a raudales,
y pulverizan los diamantes y las rocas.
Y la seda de la tibia primavera,
me traerá mensajes de Morfeo,
y hará muy, muy plácida la espera,
de tu boca, de tu pelo y de tus dedos.
Por eso le pido a Dios que en el capullo,
de mi capullo guarde tu memoria,
y si Él no la guarda yo lo juro,
que le pondré candados a mi historia.
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Dormiré soñando o bien, despierto,
soñaré despierto o bien, durmiendo,
volaré desde el centro hasta el centro,
mas de ti, ni faltando ni muriendo.
Tal vez una arista vengadora,
o quizá varias sembradas en el campo,
me dirán que fueron muy pocas mis horas,
para amarte con mi risa o con mi llanto.
Me recordarán que no miré tus ojos,
inundados por las aguas de tu pena
que manaron por mis pérfidos antojos,
de hacerte a un lado, ausente, sola, ajena
De dejarte en la calle esperando,
temblando de la lluvia y de la nieve,
sin saber de tu grito: ¡hasta cuando¡,
sin notar que tu corazón te duele.
Oiré la canción que junto a mí,
compondrá la fuerza del otoño,
que entre nubes de aspecto carmesí,
surgirán esas notas sin escollos.
Aumentado además por tanta pena,
de mi alma, de tu alma y de esas liras,
mi amor volará por estas venas,
ya transparentes, de cristal, sin muda ira.
Y en el vaivén del aire esta coraza,
que llamamos corazón, centro de amores,
irá lento, rompiendo las mordazas,
que forjaron los artistas, los señores.
El hielo aplacará las negras iras,
el hielo de los polos y montañas,
y la nieve que baila cuando gira,
el pensamiento del Dios de esas cabañas.
El fuego entibiará esos cristales,
que urden el frío de esas bocas,
que expulsan amenazas a raudales,
y pulverizan los diamantes y las rocas.
Y la seda de la tibia primavera,
me traerá mensajes de Morfeo,
y hará muy, muy plácida la espera,
de tu boca, de tu pelo y de tus dedos.
Por eso le pido a Dios que en el capullo,
de mi capullo guarde tu memoria,
y si Él no la guarda yo lo juro,
que le pondré candados a mi historia.
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