Gaita
Poeta recién llegado
Recuerdo
esos ojos tuyos de ultratumba, esa mirada de profundo cristal.
No nos volveremos a ver.
En el cuarto azul
me echo al río de líquidos poemas, a nadar contra la corriente para dar vida
en un mundo
donde ya no existen los humanos.
En el cuarto azul
lloro por lo que nunca tuve, espero por lo que jamás tendré
por eso
rompo fotos, miradas, jarrones de hielo,
anhelo que regrese eso que nunca fue y me desvivo por demostrar;
soy brisa, ráfaga de luz, paso imperceptible por la vida
imitando al mimo muerto del asfalto principal de Kep,
acudo al silencio para romper en dos segundos un libro mutado
mientras una mariposa camboyana, amarilla, se posa en el labio de un poema.
En el cuarto azul
desvarío, entre raptos de locura, pues,
tengo loco un tobillo, que me habla;
me arrimo a la mentira más verdadera, al verso que será escrito
con las persianas bajas y la cortinas corridas;
ni un gramo de sol negro entrará a mi amargo y sabroso rincón del mundo:
habitación cruenta, histriónica, febril.
En el cuarto azul
tu cadaver ebrio está hundido en mi cama y los fantasmas andan por aquí,
mientras repaso
cómo mantener libre el pensamiento, cómo no pensar, cómo soportar el recuerdo,
en la encrucijada quieta, de mi terrible cuarto azul,
pues de lo lejano del Universo, en la Tierra, cayó el asteroide.
En el cuarto azul
lamento un presente
de estaciones hechas polvo, torres derruidas, umbrales crujientes,
hiedras venenosas, cenizas en el aire oscurecido,
el magma del horror,
un mundo pasado
que hace instantes explosionó con el impacto del asteroide.
Corazón que llora en la más inesperada soledad
la ausencia de carne y hueso humana, la ausencia de ti.
He quedado solo en el mundo.
esos ojos tuyos de ultratumba, esa mirada de profundo cristal.
No nos volveremos a ver.
En el cuarto azul
me echo al río de líquidos poemas, a nadar contra la corriente para dar vida
en un mundo
donde ya no existen los humanos.
En el cuarto azul
lloro por lo que nunca tuve, espero por lo que jamás tendré
por eso
rompo fotos, miradas, jarrones de hielo,
anhelo que regrese eso que nunca fue y me desvivo por demostrar;
soy brisa, ráfaga de luz, paso imperceptible por la vida
imitando al mimo muerto del asfalto principal de Kep,
acudo al silencio para romper en dos segundos un libro mutado
mientras una mariposa camboyana, amarilla, se posa en el labio de un poema.
En el cuarto azul
desvarío, entre raptos de locura, pues,
tengo loco un tobillo, que me habla;
me arrimo a la mentira más verdadera, al verso que será escrito
con las persianas bajas y la cortinas corridas;
ni un gramo de sol negro entrará a mi amargo y sabroso rincón del mundo:
habitación cruenta, histriónica, febril.
En el cuarto azul
tu cadaver ebrio está hundido en mi cama y los fantasmas andan por aquí,
mientras repaso
cómo mantener libre el pensamiento, cómo no pensar, cómo soportar el recuerdo,
en la encrucijada quieta, de mi terrible cuarto azul,
pues de lo lejano del Universo, en la Tierra, cayó el asteroide.
En el cuarto azul
lamento un presente
de estaciones hechas polvo, torres derruidas, umbrales crujientes,
hiedras venenosas, cenizas en el aire oscurecido,
el magma del horror,
un mundo pasado
que hace instantes explosionó con el impacto del asteroide.
Corazón que llora en la más inesperada soledad
la ausencia de carne y hueso humana, la ausencia de ti.
He quedado solo en el mundo.
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