En el ecuador de su vientre

Sr. Freak

Poeta recién llegado
Por supuesto que acepto
a ella
la aérea
la volátil y epicurea
para que aunados los epitelios
pistilos y epistolares
caminemos la verdehierba
los atardeceres políglotas
el azul turqueza de su cielo

Claro que acepto
a ella
la oficiadora de lubrideces
la centinela lunar
el vértice de su jaula dorada
el boceto de sus manos escuetas
el hombro tembloroso
su mirada tenue y vaporosa
acepto el mar de sus ojos
ahora apacible y dulce
ahora fúrico y terrífico
los grávidos senos
las ávidas ganas

Acepto a ella
cereal peinado por el viento
la ostra herida de su entrepierna
la incaindecente
la epidermicromática
toda ella
mar salobre
sirena de arcilla

Y ella
tácita acepta
el asedio incesante de los navíos
el epicentro del temblor
siempre
en el ecuador del vientre
y al final
sin falta
acepta la caída
de la ciudad de su cuerpo
con una
sonrisa forzada
en la comisura
del
desprecio
 
Al comienzo, cuando estrenamos el amor, nos aceptamos con toda la ilusión
de los años mozos, en esos momentos no creemos que el tiempo nos arrastre
en sus tentáculos y nos vaya desgastando, nada se hace ausente de su paso.
Gracias por compartir tus versos en el foro. Se bienvenido, espero que te sientas
cómodo entre nosotros Sr. Freak!! Besitos apretados en tus mejillas.
 
Por supuesto que acepto
a ella
la aérea
la volátil y epicurea
para que aunados los epitelios
pistilos y epistolares
caminemos la verdehierba
los atardeceres políglotas
el azul turqueza de su cielo

Claro que acepto
a ella
la oficiadora de lubrideces
la centinela lunar
el vértice de su jaula dorada
el boceto de sus manos escuetas
el hombro tembloroso
su mirada tenue y vaporosa
acepto el mar de sus ojos
ahora apacible y dulce
ahora fúrico y terrífico
los grávidos senos
las ávidas ganas

Acepto a ella
cereal peinado por el viento
la ostra herida de su entrepierna
la incaindecente
la epidermicromática
toda ella
mar salobre
sirena de arcilla

Y ella
tácita acepta
el asedio incesante de los navíos
el epicentro del temblor
siempre
en el ecuador del vientre
y al final
sin falta
acepta la caída
de la ciudad de su cuerpo
con una
sonrisa forzada
en la comisura
del
desprecio
Me encantaron estas líneas, gracias por compartirlas. Un saludo cordial.
 

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