Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Él no lo haría y yo sé que es verdad;
solo tienes que mirarlo a los ojos
y ver la bondad de quien se deja llevar
aunque le vaya la vida en ello.
Él es esa verdad latente
que sobrevive en un mundo claroscuro
y amamanta la vida desde la propia vida
en un hábito sincero de exprimir su inocencia.
Del bosque, de la tundra, de la planicie...
desde la libertad vinieron
y encontraron un dominio adulterado
de humanos y carencias,
de ególatras y grilletes
que no entienden de dolores ajenos
ni del natural instinto de lo que se apropian.
Sostienen el silencio de todas las cosas
bajo un vals de telarañas
que se expande y se contrae
mientras empapan de infinitos
cada párrafo respirado;
son gotas en plena pubertad
con frente y con recuerdos,
que se mecen en el escandaloso revuelo
de nuestras vidas.
Desde el silencio nos habla su mirada
y respiran con nuestro mismo aliento;
son dueños de la nada,
porque nada somos,
y esclavos del peor de los misterios.
El horizonte se cuaja en sus ojos
dejando el amor para el camino,
ellos laten en el alero confiado
de cada día
con la autoridad de aquél
que ya es vuelo y comprende
que la tarde es un esqueleto inacabado.
Y a pesar de ello amanecen
para oler las flores.
Son el olfato de nuestras carencias,
la vista de lo que no vemos,
el cariño que no se pide
pero se comparte
y un tacto suave
de esperas infinitas.
Y por mucho que desordenemos el paisaje,
son como aquella oración abandonada
que en un desbordamiento de sombras
regresa y da testimonio de sí misma.
Ellos son almas de ancho talle
en una estancia apretada.
Dominamos la estancia,
la Tierra y a sus habitantes;
maldito dominio de lo irracional,
de la incomprensión, del mal arte
de sentirse dueños
de la ajena debilidad.
Nuna- Alonso Vicent
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