Nada Vratovic
Poeta recién llegado
A la deriva,
flotando entre siluetas de amores platónicos
que,
a la luz de la verdad,
se vuelven pegajosos, decadentes, deformes.
En este mar de sombras
e ilusiones idealizadas
alargo la mano y la sumerjo en el agua fangosa
para tocar algo que parezca real.
Pero no hay más que lodo.
Lodo que se resbala entre mis dedos,
que huele a sueños,
que adquiere formas quiméricas para mantenerme a flote,
que se expande o se convierte en un simple charco
sin llegar a secarse del todo.
Y aunque sé que no son más que esperanzas,
las siluetas de estos amores
hacen una balsa bajo mi cuerpo,
que, cansado de nadar,
sólo se deja sostener como un peso muerto.
flotando entre siluetas de amores platónicos
que,
a la luz de la verdad,
se vuelven pegajosos, decadentes, deformes.
En este mar de sombras
e ilusiones idealizadas
alargo la mano y la sumerjo en el agua fangosa
para tocar algo que parezca real.
Pero no hay más que lodo.
Lodo que se resbala entre mis dedos,
que huele a sueños,
que adquiere formas quiméricas para mantenerme a flote,
que se expande o se convierte en un simple charco
sin llegar a secarse del todo.
Y aunque sé que no son más que esperanzas,
las siluetas de estos amores
hacen una balsa bajo mi cuerpo,
que, cansado de nadar,
sólo se deja sostener como un peso muerto.
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