NiñaSanctuary
Poeta adicto al portal
El alma guarda silencio.
No protesta, no se defiende.
En el ojo del huracán, el viento no sopla,
no hace corriente.
Solo hay esta sensación de vacío,
de incredulidad e indiferencia,
por lo que viene.
Cuando las cosas quedan claras
y destacan la sinuosidad del camino,
del único que uno puede elegir, ó
la caída libre al abismo,
las entrañas se retuercen
en un coraje enardecido
por la impotencia e imposibilidad
de cambiar aquel destino.
Es la naturaleza del hombre,
que a sí mismo se ha engañado.
Muchas cosas suelen seducirnos
al grado de ilimitarnos y hundirnos
en nuestro pequeño y romántico sueño
que ilusionados creemos tangible.
Y cuando la vida nos despierta,
como si fuera una cruel pesadilla
sólo queda entonces la terrible resaca:
frustración y un enorme vacío.
Y las motivaciones parecen no hallarse.
Los días y las noches se repiten,
los besos y caricias ya no sanan
y perdemos la fe cansados de buscarla.
El llanto, ya ni siquiera ocurre.
El alma, parece estar seca.
Seca de esperanzas, de posibilidades,
de volver a creer siquiera en sí misma.
Simplemente de pie, esperando el momento,
a que la fuerza del viento me arrastre con él.
Con toda su rabia, con toda su furia,
sin rumbo ni piedad y con todo su desdén.
Mirando al piso, mirándome los pies,
me rindo ante la majestuosidad de su sabiduría,
y dejo, a este huracán con su ironía
que decidan el sitio donde me quieran poner.
No protesta, no se defiende.
En el ojo del huracán, el viento no sopla,
no hace corriente.
Solo hay esta sensación de vacío,
de incredulidad e indiferencia,
por lo que viene.
Cuando las cosas quedan claras
y destacan la sinuosidad del camino,
del único que uno puede elegir, ó
la caída libre al abismo,
las entrañas se retuercen
en un coraje enardecido
por la impotencia e imposibilidad
de cambiar aquel destino.
Es la naturaleza del hombre,
que a sí mismo se ha engañado.
Muchas cosas suelen seducirnos
al grado de ilimitarnos y hundirnos
en nuestro pequeño y romántico sueño
que ilusionados creemos tangible.
Y cuando la vida nos despierta,
como si fuera una cruel pesadilla
sólo queda entonces la terrible resaca:
frustración y un enorme vacío.
Y las motivaciones parecen no hallarse.
Los días y las noches se repiten,
los besos y caricias ya no sanan
y perdemos la fe cansados de buscarla.
El llanto, ya ni siquiera ocurre.
El alma, parece estar seca.
Seca de esperanzas, de posibilidades,
de volver a creer siquiera en sí misma.
Simplemente de pie, esperando el momento,
a que la fuerza del viento me arrastre con él.
Con toda su rabia, con toda su furia,
sin rumbo ni piedad y con todo su desdén.
Mirando al piso, mirándome los pies,
me rindo ante la majestuosidad de su sabiduría,
y dejo, a este huracán con su ironía
que decidan el sitio donde me quieran poner.