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En el remanso del agua clara navega
la luz coral y los reflejos de tu mirada,
el carmín de tus labios en el alfeizar del alba,
y tras la nacarada espuma la corriente
vuelve a escapar por entre las sombras óseas
de las ramas de los chopos y de los nogales.
Se aleja a través de los campos labrados
bajo la mirada pedernal de la ermita,
serpentea por entre una hueste de flores
que aún en el invierno llevan tu aroma
y la fragancia delicada de tu cuerpo.
En las faldas de las montañas que blanquean
por la incertidumbre fría de la nieve,
el río en su inmutable y profundo cauce
da forma a la curvatura de tu dulce piel,
la esboza con las líneas finas del recuerdo
y con la tinta que emana de mi corazón.
En el remanso del agua todos los besos
primarios y apasionados sacian su sed,
y en los labios, en el torrente agreste
dicen suavemente nuestros nombres,
y en la delgada linde de nuestra alma
las hojas del tiempo son esparcidas
entre los finos juncos y el viejo nogal,
mas la esperanza, como un barco a la deriva
navega en las palmas de nuestras manos,
y en el apurado leandro se deleita en lo efímero
con la fe inquebrantable y la certeza del amor.
Llena con sus gotas cristalinas las caricias
que se caen de las yemas de nuestros dedos,
tal como el sendero sinuoso se va alejando
entre las plegarias plomizas del horizonte,
sobre el ruego invernal del campo labrado
que en la primavera será un hermoso mar
donde los amantes agarrados de las manos
verán el cielo sobre las copas de los pinos,
sobre el alfeizar melancólico del alba,
verán sobre el lienzo matutino y fugaz
a la golondrina jugar entre los sauces
y bajo la promesa plácida de las nubes
el amor con la nostalgia de nuestros besos
será prisionero entre nuestros abrazos.
Yo inclinaré la cabeza como la rama ósea
del longevo y amojamado nogal,
y en el reflejo de nuestras miradas
que se vierten felices en el efímero tiempo
te besaré enamorado hasta que se termine el día
y abrazado a ti el amor como un velero
navegará sobre el remanso de nuestros besos.
En el remanso del agua clara navega
la luz coral y los reflejos de tu mirada,
el carmín de tus labios en el alfeizar del alba,
y tras la nacarada espuma la corriente
vuelve a escapar por entre las sombras óseas
de las ramas de los chopos y de los nogales.
Se aleja a través de los campos labrados
bajo la mirada pedernal de la ermita,
serpentea por entre una hueste de flores
que aún en el invierno llevan tu aroma
y la fragancia delicada de tu cuerpo.
En las faldas de las montañas que blanquean
por la incertidumbre fría de la nieve,
el río en su inmutable y profundo cauce
da forma a la curvatura de tu dulce piel,
la esboza con las líneas finas del recuerdo
y con la tinta que emana de mi corazón.
En el remanso del agua todos los besos
primarios y apasionados sacian su sed,
y en los labios, en el torrente agreste
dicen suavemente nuestros nombres,
y en la delgada linde de nuestra alma
las hojas del tiempo son esparcidas
entre los finos juncos y el viejo nogal,
mas la esperanza, como un barco a la deriva
navega en las palmas de nuestras manos,
y en el apurado leandro se deleita en lo efímero
con la fe inquebrantable y la certeza del amor.
Llena con sus gotas cristalinas las caricias
que se caen de las yemas de nuestros dedos,
tal como el sendero sinuoso se va alejando
entre las plegarias plomizas del horizonte,
sobre el ruego invernal del campo labrado
que en la primavera será un hermoso mar
donde los amantes agarrados de las manos
verán el cielo sobre las copas de los pinos,
sobre el alfeizar melancólico del alba,
verán sobre el lienzo matutino y fugaz
a la golondrina jugar entre los sauces
y bajo la promesa plácida de las nubes
el amor con la nostalgia de nuestros besos
será prisionero entre nuestros abrazos.
Yo inclinaré la cabeza como la rama ósea
del longevo y amojamado nogal,
y en el reflejo de nuestras miradas
que se vierten felices en el efímero tiempo
te besaré enamorado hasta que se termine el día
y abrazado a ti el amor como un velero
navegará sobre el remanso de nuestros besos.
En el remanso del agua clara navega
la luz coral y los reflejos de tu mirada,
el carmín de tus labios en el alfeizar del alba,
y tras la nacarada espuma la corriente
vuelve a escapar por entre las sombras óseas
de las ramas de los chopos y de los nogales.
Se aleja a través de los campos labrados
bajo la mirada pedernal de la ermita,
serpentea por entre una hueste de flores
que aún en el invierno llevan tu aroma
y la fragancia delicada de tu cuerpo.
En las faldas de las montañas que blanquean
por la incertidumbre fría de la nieve,
el río en su inmutable y profundo cauce
da forma a la curvatura de tu dulce piel,
la esboza con las líneas finas del recuerdo
y con la tinta que emana de mi corazón.
En el remanso del agua todos los besos
primarios y apasionados sacian su sed,
y en los labios, en el torrente agreste
dicen suavemente nuestros nombres,
y en la delgada linde de nuestra alma
las hojas del tiempo son esparcidas
entre los finos juncos y el viejo nogal,
mas la esperanza, como un barco a la deriva
navega en las palmas de nuestras manos,
y en el apurado leandro se deleita en lo efímero
con la fe inquebrantable y la certeza del amor.
Llena con sus gotas cristalinas las caricias
que se caen de las yemas de nuestros dedos,
tal como el sendero sinuoso se va alejando
entre las plegarias plomizas del horizonte,
sobre el ruego invernal del campo labrado
que en la primavera será un hermoso mar
donde los amantes agarrados de las manos
verán el cielo sobre las copas de los pinos,
sobre el alfeizar melancólico del alba,
verán sobre el lienzo matutino y fugaz
a la golondrina jugar entre los sauces
y bajo la promesa plácida de las nubes
el amor con la nostalgia de nuestros besos
será prisionero entre nuestros abrazos.
Yo inclinaré la cabeza como la rama ósea
del longevo y amojamado nogal,
y en el reflejo de nuestras miradas
que se vierten felices en el efímero tiempo
te besaré enamorado hasta que se termine el día
y abrazado a ti el amor como un velero
navegará sobre el remanso de nuestros besos.