Da igual lo que se diga
de los verdaderos placeres.
No quiero admitirlo, no quiero admitirlo,
pero lo que se plasme de ellos
es una vulgaridad.
En el amor, en el sexo,
en la adolescencia, en los sobacos de tus fobias,
flotando en el agua cayéndote lluvia,
arrodillándote del dolor,
recostada tu cabeza en la almohada
después del trabajo eterno.
En los latidos cansados
no vas a querer pensar.
de los verdaderos placeres.
No quiero admitirlo, no quiero admitirlo,
pero lo que se plasme de ellos
es una vulgaridad.
En el amor, en el sexo,
en la adolescencia, en los sobacos de tus fobias,
flotando en el agua cayéndote lluvia,
arrodillándote del dolor,
recostada tu cabeza en la almohada
después del trabajo eterno.
En los latidos cansados
no vas a querer pensar.