En el sutil suspiro de la noche
mis versos se asemejan a tañidos,
poco a poco se pierden los latidos
de todo lo que ayer era derroche.
Siento la ingravidez evanescente
de un sueño que forjé sobre el celaje
buscando en la belleza del lenguaje
darle vida a un amor inconsistente.
¡Qué frágil es la vida de los versos
que ayer iban gritando primaveras
y a la aurora entregaron sus amores!
Hoy siento que quizás fueron quimeras
tejidas por espíritus perversos
que envidian el aroma de las flores.
Yo no siento aprecio ni respeto por esas personas que se dicen «
poetas» y ven en la poesía un hobby para matar el tiempo ocioso. Menos aprecio y respeto siento por aquellos que se dicen «
poetas» y justifican su escaso talento con esa forma tan "
liviana" de adoptar la poesía. El fruto más dulce del árbol del arte es la poesía; la poesía es algo más profundo, algo que se ama hasta la sinrazón, algo que se defiende, algo que crece y late en nosotros para siempre, independientemente de sus tiempos de silencio... La poesía no se fuerza, no se mata, no se encasilla, no se oculta a las miradas... Como dice Mateo 5:15, "Ni se enciende un candil y se pone debajo del almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa". Así es la poesía.
Esto es lo que me trasmite, más allá de su esencia romántica, tu impecable soneto. Lo vi nacer hacer unas semanas y estoy orgulloso de cuánto ha crecido, como orgulloso estoy de quien lo ha escrito. Felicidades,
Isabel, por este gran trabajo poético.
Un abrazo infinito.