En el tiempo de los tiempos

SONRISA

Poeta adicto al portal


En la época de mi niñez
las horas eran un terrón de azúcar.
Se disolvían muy despacio entre la escuela y la casa,
en los caminos empedrados
en los charcos que hendían las lluvias
en los pastizales llenos de nidos
en los cipreses y los ocales
en el borboteo de las corrientes
en las huertas y en las conejeras
en el calor de las hornillas
y en ese cobertor de brazos
que tonifica la carne y el pensamiento limpio.

En el tiempo de la fantasía
y los amaneceres presuntos:
Los horizontes eran tapices de dientes y de ojos
de mantas voladoras,
de ansias que perforaban luces matutinas,
de corredores expandibles para canastadas de pies
y con ese aroma de paz y de orgullo ancestral
del lúdico café tostado por las manos ciertas
y molido con el don del pecho,sabía de los abuelos
sabía roja y calígine
apostillada en la mirada con la algarabía de la casa.

En la cosecha de la infancia y de los ocasos probables.
Ropas con betún de campo y jirones enarbolados,
lábaros (otrora camisas) que conquistaban los armarios
de reyes y de reinas en castillos comunales,
en somnolientas batallas, forjadas entre los zarzos
y ese cielo como testigo de los pliegues en las mejillas.

De las horas de los abuelos y de sus infinitas historias.
Riberas apacibles y de espejos colmados de peces,
coros en los corrales y su níveo manjar,
planicies doradas de espigas, con la brizna que nos unifica,
cortijos entre los valles donde se humecta la piel
con el sudor del suelo sagrado y que acoge los sembradíos,
se investían de glauco ropaje hasta avistar la primavera
renovando los atuendos con los colores alegres
para entregar toda su mies a paladares distantes.

En las noches sin velos y de faroles en el firmamento
de jardines en la oscuridad donde corteja la luna,
los duendes invisibles y los héroes de las fábulas
asaltaban los rincones, las buhardillas y los tejados
alcanzados a través de puentes hechos con la inocencia
y esos locos corazones hinchados de alegría,
reposaban a las ocho, después de la merienda.

Todo era tan cierto, como los huesos y la carne,
como la espuma de las corrientes y los algarrobos de los huertos,
todo era tangible, todo universal y todo tan … efímero
como los abrazos y los besos y las planas en las cartillas,
las huellas en el polvo
el arcoíris y las mariposas, después de los aguaceros,
las alboradas y las tardes del sol y las estrellas.

Era el tiempo de las cometas, de los lazos y las pelotas,
alondras eran los pies y tañer de risas en los guaduales,
años bienaventurados de libertad y de paz
de cuentos y de poesía
de bailes y de teatro…


… se silencian hoy los calendarios
al llegar la tecnología
y suspiran olvidados en los anaqueles del alma.

 
Última edición:
Lleno de nostalgia este poema que nos presentas rememorando aquellos tiempos felices que quedaron ya traspapelados en las hojas que el viento del tiempo se llevó.

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Buenos días señor MARAMÍN. Gracias por su mirada que destapan estos versos. Mis respetos, siempre.
 

En la época de mi niñez
las horas eran un terrón de azúcar.
Se disolvían muy despacio entre la escuela y la casa,
en los caminos empedrados
en los charcos que hendían las lluvias
en los pastizales llenos de nidos
en los cipreses y los ocales
en el borboteo de las corrientes
en las huertas y en las conejeras
en el calor de las hornillas
y en ese cobertor de brazos
que tonifica la carne y el pensamiento limpio.

En el tiempo de la fantasía
y los amaneceres presuntos:
Los horizontes eran tapices de dientes y de ojos
de mantas voladoras,
de ansias que perforaban luces matutinas,
de corredores expandibles para canastadas de pies
y con ese aroma de paz y de orgullo ancestral
del lúdico café tostado por las manos ciertas
y molido con el don del pecho,sabía de los abuelos
sabía roja y calígine
apostillada en la mirada con la algarabía de la casa.

En la cosecha de la infancia y de los ocasos probables.
Ropas con betún de campo y jirones enarbolados,
lábaros (otrora camisas) que conquistaban los armarios
de reyes y de reinas en castillos comunales,
en somnolientas batallas, forjadas entre los zarzos
y ese cielo como testigo de los pliegues en las mejillas.

De las horas de los abuelos y de sus infinitas historias.
Riberas apacibles y de espejos colmados de peces,
coros en los corrales y su níveo manjar,
planicies doradas de espigas, con la brizna que nos unifica,
cortijos entre los valles donde se humecta la piel
con el sudor del suelo sagrado y que acoge los sembradíos,
se investían de glauco ropaje hasta avistar la primavera
renovando los atuendos con los colores alegres
para entregar toda su mies a paladares distantes.

En las noches sin velos y de faroles en el firmamento
de jardines en la oscuridad donde corteja la luna,
los duendes invisibles y los héroes de las fábulas
asaltaban los rincones, las buhardillas y los tejados
alcanzados a través de puentes hechos con la inocencia
y esos locos corazones hinchados de alegría,
reposaban a las ocho, después de la merienda.

Todo era tan cierto, como los huesos y la carne,
como la espuma de las corrientes y los algarrobos de los huertos,
todo era tangible, todo universal y todo tan … efímero
como los abrazos y los besos y las planas en las cartillas,
las huellas en el polvo
el arcoíris y las mariposas, después de los aguaceros,
las alboradas y las tardes del sol y las estrellas.

Era el tiempo de las cometas, de los lazos y las pelotas,
alondras eran los pies y tañer de risas en los guaduales,
años bienaventurados de libertad y de paz
de cuentos y de poesía
de bailes y de teatro…


… se silencian hoy los calendarios
al llegar la tecnología
y suspiran olvidados en los anaqueles del alma.

un poema profundo, pero con imágenes suaves, grato leerle
 
el arcoíris y las mariposas, después de los aguaceros,
Esta frase, me trajo los aromas de la tierra mojada por la que corríamos como locos después de estar refugiados por la lluvia...
Y es verdad, que distinto sin tecnología...nos pasábamos el tiempo de lluvia, tras los cristales esperando que amainara, y ver que el primer amigo , ya estaba en la calle...
¡Que bien has descrito esos tiempos!
 
Debo confesar, que cuando leí este hermoso poema, pude al mismo tiempo
transportarme a los tiempos de mi niñez, crecí como la gran mayoría en u-
na provincia, rodeado de valles , pueblos y sementeras.. Sobre la fundamen-
tación del mismo, es innegable que la mayoría coincide con lo que planteas
al final; la tecnología le está quitando a nuestros hijos esa capacidad de disfru-
tar de las cosas simples, campechanas de la vida. Resalto las bellas imágenes
que le dan ese toque tan especial y nostálgico al presente poema.

Felicitaciones... la saluda un amigo: El Gitano
 

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