Pedro Páramo
Poeta recién llegado
En espera de la lluvia
estiraste las horas
en lentos minutos de agonía,
hasta que el cansancio te venció.
No hubo lluvias , papá.
En el surco seco
tuvimos que sepultar,
sin esperanza,
la semilla marchita de tu cuerpo.
II
Debe ser triste
no poder mover la almohada
ni acomodar el cuerpo.
Estirar la mano y no encontrar
el café, el trago, el cigarro.
Buscar el alba.
Esperar que el tiempo
termine de gotear sus horas
hasta volverte mariposa,
polvo, olvido
III
Repartimos tus biene
y también tus males,
todos alcanzamos algo de ti:
la fotografía, el sombrero, el bastón,
a mí me tocó el recuerdo
de tu sonrisa intacta.
Nos vestimos el traje de la valentía
y nos mantenimos estoicos en tu velorio.
Sólo sucede que a veces,
estas lluvias,
este ángel de la tempestad
colma las represas,
rompe los diques del dolor
y lloramos, nos derramamos,
perdemos la compostura
y dan lástima nuestras lágrimas.
Sucede que a veces,
el granizo de tu recuerdo
rompe el tejaban
donde se resguarda el alma,
nos deja a la intemperie
y nos hiere la palabra, la canción, la semejanza.
Este aniversario de tu ausencia
no es más que constatar nuestra soledad,
es medir el dolor en la mirada de mis hermanos.
Suecede a veces, papá.
olvido que te has ido
y llego buscándote a la casa.
estiraste las horas
en lentos minutos de agonía,
hasta que el cansancio te venció.
No hubo lluvias , papá.
En el surco seco
tuvimos que sepultar,
sin esperanza,
la semilla marchita de tu cuerpo.
II
Debe ser triste
no poder mover la almohada
ni acomodar el cuerpo.
Estirar la mano y no encontrar
el café, el trago, el cigarro.
Buscar el alba.
Esperar que el tiempo
termine de gotear sus horas
hasta volverte mariposa,
polvo, olvido
III
Repartimos tus biene
y también tus males,
todos alcanzamos algo de ti:
la fotografía, el sombrero, el bastón,
a mí me tocó el recuerdo
de tu sonrisa intacta.
Nos vestimos el traje de la valentía
y nos mantenimos estoicos en tu velorio.
Sólo sucede que a veces,
estas lluvias,
este ángel de la tempestad
colma las represas,
rompe los diques del dolor
y lloramos, nos derramamos,
perdemos la compostura
y dan lástima nuestras lágrimas.
Sucede que a veces,
el granizo de tu recuerdo
rompe el tejaban
donde se resguarda el alma,
nos deja a la intemperie
y nos hiere la palabra, la canción, la semejanza.
Este aniversario de tu ausencia
no es más que constatar nuestra soledad,
es medir el dolor en la mirada de mis hermanos.
Suecede a veces, papá.
olvido que te has ido
y llego buscándote a la casa.