poetakabik
Poeta veterano en el portal
En esta estación de vida,
donde el tren del tiempo aminora,
me doy cuenta —con silencio—
que nada de lo que aflora
es tan necesario como
aquello que ya reposa
dentro de mí, sin alardes,
como una luz silenciosa.
Todo lo que el mundo ofrece
se disuelve al fin del día:
el amor, la compañía,
la esperanza, la alegría...
Todo, como el agua clara,
se nos va, casi sin ruido,
y deja en su retirada
el hueco de lo vivido.
Mas en medio de esta ausencia,
surge una verdad sencilla:
yo, sin oro ni cornisa,
soy la cumbre y la semilla.
Nada sería posible
sin este yo que transita,
que respira, que tropieza
y que a sí mismo se habita.
donde el tren del tiempo aminora,
me doy cuenta —con silencio—
que nada de lo que aflora
es tan necesario como
aquello que ya reposa
dentro de mí, sin alardes,
como una luz silenciosa.
Todo lo que el mundo ofrece
se disuelve al fin del día:
el amor, la compañía,
la esperanza, la alegría...
Todo, como el agua clara,
se nos va, casi sin ruido,
y deja en su retirada
el hueco de lo vivido.
Mas en medio de esta ausencia,
surge una verdad sencilla:
yo, sin oro ni cornisa,
soy la cumbre y la semilla.
Nada sería posible
sin este yo que transita,
que respira, que tropieza
y que a sí mismo se habita.