Este blancuzco entramado
que sostiene mis carnes ya cansadas
se vence bajo el peso de los días
que traen por demás sus mil afanes,
y quieren escaparse por en medio
de músculos y venas para hartarse
de fiero y eterno plenilunio.
Tengo en mi lecho que batallar
cuando en horas de inconciencia
suelen, por sorpresa revelarse
a estar un instante más en mí
y luchan cual fieras que en la selva
ven su instinto morir entre cadenas.
Desde estos, mis oscuros ojos
las elevadas y tristes ventanas
del claustro en que suspiran
les llega por un momento
la luz de la maga blanquecina
y se desdibujan entonces
se retuercen, se comprimen
vanse haciendo polvo
sin que llege aun el momento
de dar paso a sus anhelos.
Me pregunto si al instante
de visitar el silencio
habrán de estarse quietos
o escaparán entonces
por en medio del paisaje
para lograr lo que siempre
han ansiado y no encuentran
hacerse polvo en las horas
y asi en medio de la noche
mesclarse con el rastro
callado de una estrella.
que sostiene mis carnes ya cansadas
se vence bajo el peso de los días
que traen por demás sus mil afanes,
y quieren escaparse por en medio
de músculos y venas para hartarse
de fiero y eterno plenilunio.
Tengo en mi lecho que batallar
cuando en horas de inconciencia
suelen, por sorpresa revelarse
a estar un instante más en mí
y luchan cual fieras que en la selva
ven su instinto morir entre cadenas.
Desde estos, mis oscuros ojos
las elevadas y tristes ventanas
del claustro en que suspiran
les llega por un momento
la luz de la maga blanquecina
y se desdibujan entonces
se retuercen, se comprimen
vanse haciendo polvo
sin que llege aun el momento
de dar paso a sus anhelos.
Me pregunto si al instante
de visitar el silencio
habrán de estarse quietos
o escaparán entonces
por en medio del paisaje
para lograr lo que siempre
han ansiado y no encuentran
hacerse polvo en las horas
y asi en medio de la noche
mesclarse con el rastro
callado de una estrella.