Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Mi hermano, el ingeniero, me decía qué leer.
Un día me prestó "La ciudad y los perros",
Ah, me encantó, luego busqué más y leí:
"La casa verde", maravilla,
pero el que me encantó: "La tía Julia y el escribidor".
Era yo joven y ese era un libro lleno de romanticismo,
pero además de trucos literarios. ¡Las radionovelas!,
qué construcción más deliciosa, al final todas mezcladas.
Nunca había leído nada tan original y atrapante.
Luego la vida me enrolló en las obligaciones propias de su desarrollo,
ahora leía lo obligatorio para acreditar cada escalón que había que subir,
luego los hijos...
Mi carro no circulaba los jueves,
tenía que recoger a los hijos de la escuela,
iba en transporte público y... la banqueta,
la banqueta que sirve para todo, para vender tacos,
para hacer transas,
también era la librería donde un señor vendía libros usados.
Oh, sorpresa, tenía varias novelas de ese escritor.
Todas las compré, hasta una en francés, idioma que no leo,
pero era un tesoro.
Años después supe que le dieron el Nobel,
pues se tardaron, pensé yo.
El espacio imaginario por el que me condujo
era mi casa, mi selva, mi barrio, mi tiempo, mi América.
Descanse en paz.
Un día me prestó "La ciudad y los perros",
Ah, me encantó, luego busqué más y leí:
"La casa verde", maravilla,
pero el que me encantó: "La tía Julia y el escribidor".
Era yo joven y ese era un libro lleno de romanticismo,
pero además de trucos literarios. ¡Las radionovelas!,
qué construcción más deliciosa, al final todas mezcladas.
Nunca había leído nada tan original y atrapante.
Luego la vida me enrolló en las obligaciones propias de su desarrollo,
ahora leía lo obligatorio para acreditar cada escalón que había que subir,
luego los hijos...
Mi carro no circulaba los jueves,
tenía que recoger a los hijos de la escuela,
iba en transporte público y... la banqueta,
la banqueta que sirve para todo, para vender tacos,
para hacer transas,
también era la librería donde un señor vendía libros usados.
Oh, sorpresa, tenía varias novelas de ese escritor.
Todas las compré, hasta una en francés, idioma que no leo,
pero era un tesoro.
Años después supe que le dieron el Nobel,
pues se tardaron, pensé yo.
El espacio imaginario por el que me condujo
era mi casa, mi selva, mi barrio, mi tiempo, mi América.
Descanse en paz.
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