salerin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Muriendo sin morir, crucificado;
clavada toda el alma en la tortura,
espinas, en mi frente, de amargura,
profunda es la herida en el costado.
Vivir sin sentir vida, condenado
a ser lo que imaginas, luz oscura.
Ardiendo entre tus besos, quemadura,
me tienes a tus sueños aferrado.
no existo más que en huellas de despecho
que secan este llanto de olvidado,
que abren las costuras de mi pecho
mostrando el corazón desconsolado
que llora el sufrimiento de tu asecho
y estar en esa cruz, encadenado.
En la cruz de tu sueño me pusiste
sujeta está mi carne y desgarrada
con clavos que son besos que no diste.
Manuel Sal Menéndez.
clavada toda el alma en la tortura,
espinas, en mi frente, de amargura,
profunda es la herida en el costado.
Vivir sin sentir vida, condenado
a ser lo que imaginas, luz oscura.
Ardiendo entre tus besos, quemadura,
me tienes a tus sueños aferrado.
no existo más que en huellas de despecho
que secan este llanto de olvidado,
que abren las costuras de mi pecho
mostrando el corazón desconsolado
que llora el sufrimiento de tu asecho
y estar en esa cruz, encadenado.
En la cruz de tu sueño me pusiste
sujeta está mi carne y desgarrada
con clavos que son besos que no diste.
Manuel Sal Menéndez.
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