Teo Moran
Poeta fiel al portal
En la desgana, en la deidad de la indiferencia
se hunden las piedras frías en el fondo marino
como unas perlas indígenas talladas por la sal,
por los ribetes insensibles de su incandescencia
que con fervor llegan a la vulgaridad de su lecho.
Dejo entre los mantos florales del océano
la costura inacabada de una ola insatisfecha,
dejo mis dedos arrugados en los bucles del tiempo,
parte insoluble del trago amargo del recuerdo
pero sé que solo soy una esquirla desequilibrada
que flota en el desarraigo del imposible sueño
y se deja ir en el llanto de las gaviotas sombrías
en la búsqueda de la armonía del cielo y el mar.
En la monotonía del ocaso cristalino se revuelve
el alma desnuda con su pausado silencio,
habla de gente que llega y más tarde desaparece,
nombra aquella herida que permanece sangrante,
de personas que dicen que te quieren y te aman
mas solo son olas que llegan y después se desvanecen…
¡Y ya no espero más en la orilla del sentimiento,
ya no soy más un acorde en la deidad del silencio!
Soy sombra en la línea desdibujada del recuerdo,
solo la desgana y la amarga indiferencia
de los latidos que quedan apartados en el pecho
como unas perlas indígenas talladas por la sal,
por los ribetes insensibles de su incandescencia
que con fervor llegan a la vulgaridad de su lecho.
se hunden las piedras frías en el fondo marino
como unas perlas indígenas talladas por la sal,
por los ribetes insensibles de su incandescencia
que con fervor llegan a la vulgaridad de su lecho.
Dejo entre los mantos florales del océano
la costura inacabada de una ola insatisfecha,
dejo mis dedos arrugados en los bucles del tiempo,
parte insoluble del trago amargo del recuerdo
pero sé que solo soy una esquirla desequilibrada
que flota en el desarraigo del imposible sueño
y se deja ir en el llanto de las gaviotas sombrías
en la búsqueda de la armonía del cielo y el mar.
En la monotonía del ocaso cristalino se revuelve
el alma desnuda con su pausado silencio,
habla de gente que llega y más tarde desaparece,
nombra aquella herida que permanece sangrante,
de personas que dicen que te quieren y te aman
mas solo son olas que llegan y después se desvanecen…
¡Y ya no espero más en la orilla del sentimiento,
ya no soy más un acorde en la deidad del silencio!
Soy sombra en la línea desdibujada del recuerdo,
solo la desgana y la amarga indiferencia
de los latidos que quedan apartados en el pecho
como unas perlas indígenas talladas por la sal,
por los ribetes insensibles de su incandescencia
que con fervor llegan a la vulgaridad de su lecho.