versos rotos
La poesía es el cristal a través del que miro.
Se vacía la tarde en silencios como agujeros.
Se va deshilachando la luz entre las horas.
En la estación del alma, un tren demora
eternamente la salida esperando un pasajero.
La frialdad nocturna escampa huesudos dedos
que arañan con sus sombras la piel arada.
En la estación del alma, está siempre parada
la vieja máquina, que no sabe huir de sus miedos.
Se escombraron las vías al derrumbarse el abrigo
de besos y sueños que erigiste en mi centro.
En la estación del alma, sólo queda adentro,
el esqueleto frío del amor que no viajó contigo.
Se va deshilachando la luz entre las horas.
En la estación del alma, un tren demora
eternamente la salida esperando un pasajero.
La frialdad nocturna escampa huesudos dedos
que arañan con sus sombras la piel arada.
En la estación del alma, está siempre parada
la vieja máquina, que no sabe huir de sus miedos.
Se escombraron las vías al derrumbarse el abrigo
de besos y sueños que erigiste en mi centro.
En la estación del alma, sólo queda adentro,
el esqueleto frío del amor que no viajó contigo.