ISIDRO MUÑOZ
Poeta recién llegado
En la inmensidad de tus ojos encuentro un nuevo mundo,
descubro la simplicidad de la vida, sucumbo ante luceros
(de dicha y alegría).
Me encuentro poseído, prisionero de un vasto regazo
de universos que trasladan el dominio del júbilo al corazón.
( sin condiciones ni impedimentos).
Y permanezco absorto, inmóvil y con todas mis fuerzas
deseo decirte... cuanto te quiero.
Empero a esto, tus pupilas no me dejan hablar,
me toman entres sus brazos, me escoltan hasta el cielo.
(me he quedado mudo, seducido por el deseo)
Un cielo despejado, hermoso y radiante, empapado
de un manto de estrellas que van acariciando mi pecho.
(aliviando las penas flagrantes).
Oh infinita paz que emana de tu mirada tierna, febril y
fascinante, ¡nunca la apartes de mí!, ¡ jamás me prives de ella
ni por un instante!.
(te lo suplico, te lo imploro corazón ni siquiera por un instante).
En la inmensidad de tus ojos me estoy volviendo loco,
adicto, menesteroso. Menesteroso de un fulgor omnipotente
que suaviza el alma y la mente con solo penetrar paciente
en los recovecos de un ser vehemente.
( maravillado por ti, por navegar en el océano de aquellos ojos ardientes).
Me encuentro cautivado por esos hijos de Apolo que brillan
cual astro naciente. Verdaderamente la vida ya no es vida, si
no me miras, si estas ausente.
Y aunque muera mañana, en una hora, en cinco minutos o
al acabar este poema, me doy cuenta que he vivido más que todos,
porque a través de tus ojos he conocido el amor sin la necesidad
de comprenderlo. Heme aquí alcanzando la plenitud.
(porque tus ojos son así, poseedores de la inmortalidad y de lo eterno).
descubro la simplicidad de la vida, sucumbo ante luceros
(de dicha y alegría).
Me encuentro poseído, prisionero de un vasto regazo
de universos que trasladan el dominio del júbilo al corazón.
( sin condiciones ni impedimentos).
Y permanezco absorto, inmóvil y con todas mis fuerzas
deseo decirte... cuanto te quiero.
Empero a esto, tus pupilas no me dejan hablar,
me toman entres sus brazos, me escoltan hasta el cielo.
(me he quedado mudo, seducido por el deseo)
Un cielo despejado, hermoso y radiante, empapado
de un manto de estrellas que van acariciando mi pecho.
(aliviando las penas flagrantes).
Oh infinita paz que emana de tu mirada tierna, febril y
fascinante, ¡nunca la apartes de mí!, ¡ jamás me prives de ella
ni por un instante!.
(te lo suplico, te lo imploro corazón ni siquiera por un instante).
En la inmensidad de tus ojos me estoy volviendo loco,
adicto, menesteroso. Menesteroso de un fulgor omnipotente
que suaviza el alma y la mente con solo penetrar paciente
en los recovecos de un ser vehemente.
( maravillado por ti, por navegar en el océano de aquellos ojos ardientes).
Me encuentro cautivado por esos hijos de Apolo que brillan
cual astro naciente. Verdaderamente la vida ya no es vida, si
no me miras, si estas ausente.
Y aunque muera mañana, en una hora, en cinco minutos o
al acabar este poema, me doy cuenta que he vivido más que todos,
porque a través de tus ojos he conocido el amor sin la necesidad
de comprenderlo. Heme aquí alcanzando la plenitud.
(porque tus ojos son así, poseedores de la inmortalidad y de lo eterno).
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