Reitero que las horas que no caben
en la intimidad de un beso
o en la aurora de tu mirada.
En tu devaneo moriría
de aroma y luz;
pensamiento sería
en la torre más alta de tu cuello
o el ojal dorado
para la inmensidad de tus sueños.
A veces en las lunas vasallas
se mece el aire que de ti respiro;
déjame pensar que me acuesto
con tu sombra y que cuelgo
besos amarillos en tus pasadizos.
Al atardecer cuando el viento entra
por las uñas
me abraza una ciudad con ojos
de colores
y las acequias ronronean
y el sonido es manso
cuando se estrecha en el envés de tus manos.
La primavera fija la risa que de ti me llega.
Reitero que tu sombra duerme conmigo
porque amanecen púrpuras las sábanas
y se frotan perplejos en el aíre
los instantes del ayer.
Eban
Última edición: