GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
Al hombre del campo
le dieron un cuchillo de ciudad:
frío, exacto,
un cuchillo que no conoce
el polvo del camino árido,
filo educado por vitrinas
y manos limpias
que nunca araron,
para que sueñe.
Al hombre de la ciudad,
uno del campo,
para que se ensucie:
un cuchillo que aún recuerda
la sangre de la tierra,
mango tibio y gastado,
memoria de lluvia
y de espera,
para que aprenda.
Ninguno recibe lo que usa.
Ambos reciben
lo que les falta.
Un cuchillo ajeno
en la mano correcta:
el deseo de lo que no se es
brillando
en silencio.
G.G.G.
FEB/2026
le dieron un cuchillo de ciudad:
frío, exacto,
un cuchillo que no conoce
el polvo del camino árido,
filo educado por vitrinas
y manos limpias
que nunca araron,
para que sueñe.
Al hombre de la ciudad,
uno del campo,
para que se ensucie:
un cuchillo que aún recuerda
la sangre de la tierra,
mango tibio y gastado,
memoria de lluvia
y de espera,
para que aprenda.
Ninguno recibe lo que usa.
Ambos reciben
lo que les falta.
Un cuchillo ajeno
en la mano correcta:
el deseo de lo que no se es
brillando
en silencio.
G.G.G.
FEB/2026