En la mar hay una isla.
En la isla una alcazaba.
En uno de sus muros
se abre una ventana.
Asomada se contempla
una sirena que canta.
Canta con dulce voz
y manda su canto al alba,
para que recorra las olas
y llegue al marino que ama.
Cantar que embruja a marineros.
Voz que embriaga de locas esperanzas.
Barcos que navegan hacia la isla,
en que rocas terribles visten la playa.
Náufragos desesperados
se ahogan en sus aguas.
Y la sirena, triste, sigue su canto,
esperando a su amor que tarda,
que no llega, perdido en horizontes,
donde no llega la mañana.