emiled
Poeta adicto al portal
Inspirado en el poema "antes que llamara", de Dylan Thomas
En la noche, reflejo de sombras
Yo, como la noche, duermo rozando los astros
y cometas erguidos en lo ancho de los cielos;
yo bebo del vino espolvoreado de camastros
y del aroma a nepente que surca los hielos,
y me alimento de la húmeda hiel del alabastro.
Yo como del almizcle azul de sonrisa,
del pan azucarado de las estrellas,
y veo cruzar por los jardines la frágil brisa
de la mañana, como el alción que, a prisa,
se lleva mis noches y el sopor de mis huellas.
Yo aún conozco el abrazo santo del estío
y la mueca de las aves en invierno;
yo aún puedo escarcharme en el frío
y dormitar con el alba en el lecho eterno,
hasta ver el espejo de los peces en los ríos.
Yo puedo, como la lluvia, bañar de melancolía
las plazas por donde deambula el guijarro,
alzarme por las nubes en las alas de un carro
y contemplar la aurora al venir del día,
beber del rocío y del almíbar del ocaso.
Yo podría musa, arrancar el nervio de mis ojos,
dárselo a los buitres del campanario
y que devoren el ardid de mi carne latente;
escupir un lago de azufre en tu larario
y esperar el incesante llanto del poniente.
¡Aún canto!:
Puñales como céfiros,
Planetas sin brumas,
Mares de negra espuma,
¡Adiós, ojos de zafiro!
Yo, como la noche, disparo la luz de los muertos,
porque nací en el silencio de las mareas
y en el regocijo de las bestias y quimeras
pero ya me voy, arrojando en lontananza
el tumultuoso oleaje del mar sobre los puertos.
E.N.R.D
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Yo, como la noche, duermo rozando los astros
y cometas erguidos en lo ancho de los cielos;
yo bebo del vino espolvoreado de camastros
y del aroma a nepente que surca los hielos,
y me alimento de la húmeda hiel del alabastro.
Yo como del almizcle azul de sonrisa,
del pan azucarado de las estrellas,
y veo cruzar por los jardines la frágil brisa
de la mañana, como el alción que, a prisa,
se lleva mis noches y el sopor de mis huellas.
Yo aún conozco el abrazo santo del estío
y la mueca de las aves en invierno;
yo aún puedo escarcharme en el frío
y dormitar con el alba en el lecho eterno,
hasta ver el espejo de los peces en los ríos.
Yo puedo, como la lluvia, bañar de melancolía
las plazas por donde deambula el guijarro,
alzarme por las nubes en las alas de un carro
y contemplar la aurora al venir del día,
beber del rocío y del almíbar del ocaso.
Yo podría musa, arrancar el nervio de mis ojos,
dárselo a los buitres del campanario
y que devoren el ardid de mi carne latente;
escupir un lago de azufre en tu larario
y esperar el incesante llanto del poniente.
¡Aún canto!:
Puñales como céfiros,
Planetas sin brumas,
Mares de negra espuma,
¡Adiós, ojos de zafiro!
Yo, como la noche, disparo la luz de los muertos,
porque nací en el silencio de las mareas
y en el regocijo de las bestias y quimeras
pero ya me voy, arrojando en lontananza
el tumultuoso oleaje del mar sobre los puertos.
E.N.R.D
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