En la orilla callada

Luis Prieto

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En la orilla callada de espuma y de sal dormida,
dos sombras van de la mano con la tarde ya vencida.

Sus pasos lentos dibujan la memoria de la arena,
como quien guarda en sus huellas una historia dulce y plena.

Él lleva el mar en los ojos, ella la luz en la frente,
y en sus silencios florece lo que no dice la gente.

Han visto inviernos y soles deshacerse en su mirada,
y aún se buscan como niños cuando el alba está dorada.

Se sientan frente a las olas, sin prisa ni despedida,
porque el amor que los une no conoce la partida.

Él le acomoda el cabello con temblor de primavera,
ella le besa las manos como si el tiempo no fuera.

Las gaviotas los observan con su vuelo suspendido,
como si el mundo entendiera ese lazo compartido.

Y el mar repite en su lengua una canción muy antigua,
que sólo escuchan los cuerpos y el alma atestigua..

Hablan poco, casi nada, pero todo está entendido,
porque el amor verdadero no necesita sonido.

Sus miradas son refugio, sus arrugas, fiel abrigo,
y en cada gesto se dicen: “aquí estoy, sigo contigo”.

La tarde cae lentamente con su manto anaranjado,
y el sol besa sus mejillas como un dios enamorado.

No temen ya a la distancia ni al final del horizonte,
pues su amor echó raíces más allá de cualquier monte.

Y cuando la noche llegue con su calma plateada,
seguirán siendo dos almas en la arena entrelazada.

Porque hay amores que el tiempo no consigue deshacer:
son eternos como el mar… y saben siempre volver.
 
Última edición:
Que bello lo escrito poeta Luis Prieto, en el silencio dos almas se unen mas alla del tiempo, con un amor a prueba de todo.
Me ha encantado leerlo con toda mi admiración.
Un abrazo
 
En la orilla callada de espuma y de sal dormida,
dos sombras van de la mano con la tarde ya vencida.

Sus pasos lentos dibujan la memoria de la arena,
como quien guarda en sus huellas una historia dulce y plena.

Él lleva el mar en los ojos, ella la luz en la frente,
y en sus silencios florece lo que no dice la gente.

Han visto inviernos y soles deshacerse en su mirada,
y aún se buscan como niños cuando el alba está dorada.

Se sientan frente a las olas, sin prisa ni despedida,
porque el amor que los une no conoce la partida.

Él le acomoda el cabello con temblor de primavera,
ella le besa las manos como si el tiempo no fuera.

Las gaviotas los observan con su vuelo suspendido,
como si el mundo entendiera ese lazo compartido.

Y el mar repite en su lengua una canción muy antigua,
que sólo escuchan los cuerpos y el alma atestigua..

Hablan poco, casi nada, pero todo está entendido,
porque el amor verdadero no necesita sonido.

Sus miradas son refugio, sus arrugas, fiel abrigo,
y en cada gesto se dicen: “aquí estoy, sigo contigo”.

La tarde cae lentamente con su manto anaranjado,
y el sol besa sus mejillas como un dios enamorado.

No temen ya a la distancia ni al final del horizonte,
pues su amor echó raíces más allá de cualquier monte.

Y cuando la noche llegue con su calma plateada,
seguirán siendo dos almas en la arena entrelazada.

Porque hay amores que el tiempo no consigue deshacer:
son eternos como el mar… y saben siempre volver.
Su amor se vuelve eterno como el mar, capaz de regresar siempre, sin temor al final del horizonte.

Saludos
 

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