HENRY DURANGO
Poeta recién llegado
Siento que desde mi ventana sombras negras bajan a quererme matar,
mas la incertidumbre de una pelea sangrienta les impide tal hecho,
mirando a través del cristal de mis ojos, fortaleza me da tu recuerdo
no le temo a la muerte, sino a la vida, como un niño acaricio mi rostro,
y solo siento que es la única caricia pura que ha quedado para mi,
ya no caen lágrimas, ya no hay quien escuche mis gemidos, ya no hay nadie
mis palabras hacen eco en la soledad de mi alma, y en la oscuridad de mis días
mares negros teñidos de furia atraviesan mi espíritu,
nubes grises, y miles de claveles negros adornan mi lecho
he escrito un poema para ti, pero no encuentro la lápida donde ponerlo
a lo lejos solo veo el espacio para la mía, pero no veo nadie cuidando ese espacio
viajes eternos me esperan, perfumes nuevos aguardan, labios eternos me matan.
mas la incertidumbre de una pelea sangrienta les impide tal hecho,
mirando a través del cristal de mis ojos, fortaleza me da tu recuerdo
no le temo a la muerte, sino a la vida, como un niño acaricio mi rostro,
y solo siento que es la única caricia pura que ha quedado para mi,
ya no caen lágrimas, ya no hay quien escuche mis gemidos, ya no hay nadie
mis palabras hacen eco en la soledad de mi alma, y en la oscuridad de mis días
mares negros teñidos de furia atraviesan mi espíritu,
nubes grises, y miles de claveles negros adornan mi lecho
he escrito un poema para ti, pero no encuentro la lápida donde ponerlo
a lo lejos solo veo el espacio para la mía, pero no veo nadie cuidando ese espacio
viajes eternos me esperan, perfumes nuevos aguardan, labios eternos me matan.
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