Claudio Ruiz
Poeta recién llegado
Acordábamos en el lugar de siempre
allí donde la gente
llena el aire de emociones
despidiendo sus amores
dejando frustraciones, expectativas,
esperas y alegrías,
hasta se veían algunos lagrimones.
Nos encontrábamos, para perdernos
nos juntábamos, para soltarnos.
Recordábamos olvidarnos
de vez en cuando.
Nos besábamos
mientras caminábamos
hacia otro territorio
por nosotros conquistado.
Y abandonábamos lo cotidiano
al amarnos.
Quemándonos las manos
al acariciarnos.
Deslizando nuestros labios
al fuego de ambos.
No podían apagarnos
ni el rocío de la noche
ni los faroles de algún coche
que encendían su codicia.
Ni aún, ese par de distraídos
o cretinos
queriéndonos despojar
de ese sitio no tan divino
pero querido; cerca de la barca.
En la memoria
las marcas quedarán
de encuentros bandidos
tendidos, en amor y más.
Historias
que jamás se borrarán.
allí donde la gente
llena el aire de emociones
despidiendo sus amores
dejando frustraciones, expectativas,
esperas y alegrías,
hasta se veían algunos lagrimones.
Nos encontrábamos, para perdernos
nos juntábamos, para soltarnos.
Recordábamos olvidarnos
de vez en cuando.
Nos besábamos
mientras caminábamos
hacia otro territorio
por nosotros conquistado.
Y abandonábamos lo cotidiano
al amarnos.
Quemándonos las manos
al acariciarnos.
Deslizando nuestros labios
al fuego de ambos.
No podían apagarnos
ni el rocío de la noche
ni los faroles de algún coche
que encendían su codicia.
Ni aún, ese par de distraídos
o cretinos
queriéndonos despojar
de ese sitio no tan divino
pero querido; cerca de la barca.
En la memoria
las marcas quedarán
de encuentros bandidos
tendidos, en amor y más.
Historias
que jamás se borrarán.