guillermuco
Poeta recién llegado
Impune,
lamo el último suspiro
que escondes
en tus entrañas.
Muerdo tu alma
escondo tus mentiras.
Embotado entre tus olores
camino sin sentido,
agarro el aire
y le estrangulo.
Deja de alimentar mi alma,
maldito¡,
maldito¡.
Corro por la ribera
de un río infinito,
me canso,
me ahogo.
Palpo mi corazón,
se muere.
Sigo corriendo.
Tumbado me encuentro
buscando mi sin sentido
en la ribera de un río
con el sol asfixiándome
con su sórdida sonrisa.
El aire me acompaña,
lame mi cuerpo
haciéndome respirar.
Cojo un hacha,
algún duende de un bosque
se lo ha olvidado
en este camino hastiado
de tantas desganas.
Es pequeño,
pero afilado.
¿Ves ese árbol
medio caído?.
Es mi vida
mi alma
mi destino.
Aprieto los dientes,
El andar se hace rápido,
mis manos sudorosas
no dejan escapar
el mango de esta hacha maldita.
Un golpe,
Dos.
Dolor,
sangro por mis manos,
el respirar se vuelve cansado,
cierro levemente mis ojos.
A oscuras golpeo al aire,
otro golpe más,
encuentro en mi azote
al árbol de mi vida.
Gotas de sangre
alimentan mi sed,
bebo mi morir
mientras mis manos
sueltan el hacha
de un duende de los bosques.
Caigo de rodillas,
abro los ojos
inundados de dolor.
Un ruido seco
me despierta de mi olvido.
El árbol cayó
Yo yací a su lado.
Arranque las raíces
que tanto me acercaban a la vida,
muero cerca de la ribera de un río
donde el sol me abraza tan fuerte
que el respirar ya no consigo.
Al lado de mi cuerpo
crecen las rosas rojas
que sembraste en ese verano
sin nombre,
con la lluvia de tu sonrisa.
lamo el último suspiro
que escondes
en tus entrañas.
Muerdo tu alma
escondo tus mentiras.
Embotado entre tus olores
camino sin sentido,
agarro el aire
y le estrangulo.
Deja de alimentar mi alma,
maldito¡,
maldito¡.
Corro por la ribera
de un río infinito,
me canso,
me ahogo.
Palpo mi corazón,
se muere.
Sigo corriendo.
Tumbado me encuentro
buscando mi sin sentido
en la ribera de un río
con el sol asfixiándome
con su sórdida sonrisa.
El aire me acompaña,
lame mi cuerpo
haciéndome respirar.
Cojo un hacha,
algún duende de un bosque
se lo ha olvidado
en este camino hastiado
de tantas desganas.
Es pequeño,
pero afilado.
¿Ves ese árbol
medio caído?.
Es mi vida
mi alma
mi destino.
Aprieto los dientes,
El andar se hace rápido,
mis manos sudorosas
no dejan escapar
el mango de esta hacha maldita.
Un golpe,
Dos.
Dolor,
sangro por mis manos,
el respirar se vuelve cansado,
cierro levemente mis ojos.
A oscuras golpeo al aire,
otro golpe más,
encuentro en mi azote
al árbol de mi vida.
Gotas de sangre
alimentan mi sed,
bebo mi morir
mientras mis manos
sueltan el hacha
de un duende de los bosques.
Caigo de rodillas,
abro los ojos
inundados de dolor.
Un ruido seco
me despierta de mi olvido.
El árbol cayó
Yo yací a su lado.
Arranque las raíces
que tanto me acercaban a la vida,
muero cerca de la ribera de un río
donde el sol me abraza tan fuerte
que el respirar ya no consigo.
Al lado de mi cuerpo
crecen las rosas rojas
que sembraste en ese verano
sin nombre,
con la lluvia de tu sonrisa.