EN LA SEGUNDA MESA...
En la segunda mesa se sentaba,
hermosa, distinguida y solitaria,
con un aura de misterio que impregnaba
el bullicioso café de la barriada.
Escribía y escribía sin descanso,
sin regalar jamás una mirada
y se perdía indescifrable entre las líneas
que su mano emfebrecida dibujaba.
Escribía tal vez sus fantasías
o aventuras en exóticos países,
o tal vez algún poema o una prosa
sobre recuerdos desdichados o felices.
Nunca me hizo saber si sorprendía
mis miradas navegando por su cuerpo
o mis labios que flotaban en los suyos
impulsados por mis locos pensamientos.
Y un día se levantó de aquella mesa,
la segunda a la derecha del café,
me miró con mirada entristecida
y se marchó para nunca más volver.
Al descuido dejó sobre la mesa
una nota doblada que decía:
-"A tí, mi temeroso admirador,
te quiero confesar lo que sentía:
-Yo entendía tus miradas desde lejos
y tus labios que volaban a mis labios
pero nunca te acercaste y ahora es tarde,
tal vez un día volvamos a encontrarnos."
Y aquí yo espero sentado en el café
en la segunda mesa a la derecha
lamentando mi falta de valor
y deseando que tal vez un día vuelva.
Derechos reservados
Libro Tatuajes del Alma
En la segunda mesa se sentaba,
hermosa, distinguida y solitaria,
con un aura de misterio que impregnaba
el bullicioso café de la barriada.
Escribía y escribía sin descanso,
sin regalar jamás una mirada
y se perdía indescifrable entre las líneas
que su mano emfebrecida dibujaba.
Escribía tal vez sus fantasías
o aventuras en exóticos países,
o tal vez algún poema o una prosa
sobre recuerdos desdichados o felices.
Nunca me hizo saber si sorprendía
mis miradas navegando por su cuerpo
o mis labios que flotaban en los suyos
impulsados por mis locos pensamientos.
Y un día se levantó de aquella mesa,
la segunda a la derecha del café,
me miró con mirada entristecida
y se marchó para nunca más volver.
Al descuido dejó sobre la mesa
una nota doblada que decía:
-"A tí, mi temeroso admirador,
te quiero confesar lo que sentía:
-Yo entendía tus miradas desde lejos
y tus labios que volaban a mis labios
pero nunca te acercaste y ahora es tarde,
tal vez un día volvamos a encontrarnos."
Y aquí yo espero sentado en el café
en la segunda mesa a la derecha
lamentando mi falta de valor
y deseando que tal vez un día vuelva.
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