emiled
Poeta adicto al portal
En la sombra de los días (tercetos)
I-
No fue efímera lluvia la de tus besos,
ellos gotearon desde la cúpula del cielo
como tormenta sobre los matorrales espesos,
trayéndome del ámbar el fugaz vuelo
de una Venus tan bella como la aurora,
impasible como los crisantemos del suelo.
Sus labios de hermosa ninfa, que otrora
supo de acordes en las noches de estío,
semejaron a la bruma que en el alba se evapora.
Y bebí de aquel carmesí embriagante de su río,
ebrio del puro rayo que Cupido
clavó en mi osamenta sobre el mármol frío.
Oh reina mía: yo ni en la sombra impido
beber de tus labios el Leteo de los sueños;
mas antes del alba los soles roerán tu vestido.
II-
No, no fue efímero tu céfiro de sonrisa,
pues en ventiscas el soplo se desvanece,
cuando el otoño rumorea en la brisa.
No fue el poniente clara lumbre que mece
las sábanas en un lecho de estrellas,
ni helecho que en una tumba crece;
fue el almíbar el sendero de huellas,
ocaso de tiempos en lontananza,
navíos donde oí el mar de tus querellas.
Oh reina mía: de mi nicho en la semblanza
ofrezco un sinfín de guijarros muertos
y en un manantial el pálido rostro de la esperanza.
Oh reina mía: no en vano ofrezco mis huertos
al amargo loto en la sombra de los días,
no en vano navegarán aquellos mis puertos.
E.N.R.D
:S
I-
No fue efímera lluvia la de tus besos,
ellos gotearon desde la cúpula del cielo
como tormenta sobre los matorrales espesos,
trayéndome del ámbar el fugaz vuelo
de una Venus tan bella como la aurora,
impasible como los crisantemos del suelo.
Sus labios de hermosa ninfa, que otrora
supo de acordes en las noches de estío,
semejaron a la bruma que en el alba se evapora.
Y bebí de aquel carmesí embriagante de su río,
ebrio del puro rayo que Cupido
clavó en mi osamenta sobre el mármol frío.
Oh reina mía: yo ni en la sombra impido
beber de tus labios el Leteo de los sueños;
mas antes del alba los soles roerán tu vestido.
II-
No, no fue efímero tu céfiro de sonrisa,
pues en ventiscas el soplo se desvanece,
cuando el otoño rumorea en la brisa.
No fue el poniente clara lumbre que mece
las sábanas en un lecho de estrellas,
ni helecho que en una tumba crece;
fue el almíbar el sendero de huellas,
ocaso de tiempos en lontananza,
navíos donde oí el mar de tus querellas.
Oh reina mía: de mi nicho en la semblanza
ofrezco un sinfín de guijarros muertos
y en un manantial el pálido rostro de la esperanza.
Oh reina mía: no en vano ofrezco mis huertos
al amargo loto en la sombra de los días,
no en vano navegarán aquellos mis puertos.
E.N.R.D
:S
::
::
::