Alma Velazquez de la Mora
Poeta recién llegado
EN LA TIENDA de las poesías Líricas de Alma Velásquez
Igual que cualquiera otro,
para mi despertó el día,
debía traer el mandado
de la tienda de la esquina
así , que en cualquier vestido,
tomé en mi mano la lista,
y salí con mi canasta,
por la provisión del día.
el tendero al atenderme
me brindó los buenos días
y fue surtiéndome atento
todo lo que le pedía.
en ese instante, a la tienda
entraba otra personita .
siñor aquista mi quinto,
véndame una gelatina
no son a cinco muchacho
son a veinte las mas chicas!
entonces señor, un dulce,
y estiraba la manita
ofreciendo el sucio cinco,
sin saber que no valía!
para entonces el tendero,
con esto se enfurecía .
no quites tiempo muchacho
que no tengo todo el día!
que tristeza tan profunda
dibujose en la carita
mientras miraba aquel cinco
que apretaba la manita ..
¡no pude más!, y al tendero
le pedí la gelatina
mientras el chico, angustiado
ya de la tienda salía .
le dije ..espera un momento,
le tendí la gelatina
y preguntele si acaso
otra cosa no quería.
pero ya no me escuchaba!
ya tenía su gelatina!
con que gratitud los ojos
brillaban el la carita
y con que dulzura dijo
con una alegre sonrisa,
¡gracias! Mil gracias siñora,
¡n uestro señor la bendiga!
y se salió de la tienda
brinco y brinco de alegría!
sin embargo que tristeza,
se quedó en el alma mía!
que terrible es la pobreza
-pensé- mientras me decían
ya tiene todo señora
¡y la cuenta me tendían!
Igual que cualquiera otro,
para mi despertó el día,
debía traer el mandado
de la tienda de la esquina
así , que en cualquier vestido,
tomé en mi mano la lista,
y salí con mi canasta,
por la provisión del día.
el tendero al atenderme
me brindó los buenos días
y fue surtiéndome atento
todo lo que le pedía.
en ese instante, a la tienda
entraba otra personita .
siñor aquista mi quinto,
véndame una gelatina
no son a cinco muchacho
son a veinte las mas chicas!
entonces señor, un dulce,
y estiraba la manita
ofreciendo el sucio cinco,
sin saber que no valía!
para entonces el tendero,
con esto se enfurecía .
no quites tiempo muchacho
que no tengo todo el día!
que tristeza tan profunda
dibujose en la carita
mientras miraba aquel cinco
que apretaba la manita ..
¡no pude más!, y al tendero
le pedí la gelatina
mientras el chico, angustiado
ya de la tienda salía .
le dije ..espera un momento,
le tendí la gelatina
y preguntele si acaso
otra cosa no quería.
pero ya no me escuchaba!
ya tenía su gelatina!
con que gratitud los ojos
brillaban el la carita
y con que dulzura dijo
con una alegre sonrisa,
¡gracias! Mil gracias siñora,
¡n uestro señor la bendiga!
y se salió de la tienda
brinco y brinco de alegría!
sin embargo que tristeza,
se quedó en el alma mía!
que terrible es la pobreza
-pensé- mientras me decían
ya tiene todo señora
¡y la cuenta me tendían!