Lissethe Ruemar
Poeta recién llegado
Corrimos como hojas sobre el viento
los árboles eran barreras en el camino,
los azotes danzantes combinan el canto
de la lluvia que trascurría el destino.
El cielo nublado parecía enrollarse
las voces de truenos de tinieblas cubrían
cuando el valor suele descuidarse
la sensatez y la esperanza dormían.
Como el granizo cuando sin piedad cae
caían las descargas de descontento,
pero la faceta de un misterio recae
en la añoranza del viaje al sustento.
La desesperada y resistente actitud
traspasan espinos y cercos distractos
y pasa muy distante a la rectitud
la apariencia de los buenos actos.
La tormenta parecía duradera
Pero en la mañana se despejaron las nubes
Pudimos olfatear la primavera
Y a la vez volar en libertad como las aves.
los árboles eran barreras en el camino,
los azotes danzantes combinan el canto
de la lluvia que trascurría el destino.
El cielo nublado parecía enrollarse
las voces de truenos de tinieblas cubrían
cuando el valor suele descuidarse
la sensatez y la esperanza dormían.
Como el granizo cuando sin piedad cae
caían las descargas de descontento,
pero la faceta de un misterio recae
en la añoranza del viaje al sustento.
La desesperada y resistente actitud
traspasan espinos y cercos distractos
y pasa muy distante a la rectitud
la apariencia de los buenos actos.
La tormenta parecía duradera
Pero en la mañana se despejaron las nubes
Pudimos olfatear la primavera
Y a la vez volar en libertad como las aves.