En la trinchera

Arquisivilio

Poeta recién llegado
El otro, hombre o mujer, siempre muerto.
Con estas palabras, y un apretón en el hombro del joven soldado, terminaba las últimas indicaciones el sargento Velasco.
Sus 18 años, buscaban con ojos de pánico un gesto tranquilizador en el nocturno rostro de hollín y sangre de su sargento, mientras se aferraba a la ametralladora de cinta intentando olvidar la masa de barro, sangre, carne y lascas de hueso en la que se encontraba apostado.
En la negrura rota por el resplandor de la luna sobre el cañón, vínole la imagen de su madre... y comenzó a llorar.
 
El otro, hombre o mujer, siempre muerto.
Con estas palabras, y un apretón en el hombro del joven soldado, terminaba las últimas indicaciones el sargento Velasco.
Sus 18 años, buscaban con ojos de pánico un gesto tranquilizador en el nocturno rostro de hollín y sangre de su sargento, mientras se aferraba a la ametralladora de cinta intentando olvidar la masa de barro, sangre, carne y lascas de hueso en la que se encontraba apostado.
En la negrura rota por el resplandor de la luna sobre el cañón, vínole la imagen de su madre... y comenzó a llorar.
En un momento tan intenso intentar el olvido de una escena
donde la formalidad humana esta rota..., en la yedra cansada
de las vidas sajadas. me gusto mucho la intensidad de la prosa.
saludos amables de luzyabsenta
 

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