tus ojos son centinelas... me persiguen.
En este viaje que oscureció mi vereda,
al grito de la noche gime el viento,
y tu voz armoniosa y dulce... llora.
Mientras yo aun escucho silencioso,
tu discurso... aquel... aquella madrugada;
las palabras tuyas, tu ruego;
tu plegaria que impidió que me alejara.
Fue un desgaste emocional diluido,
con el llanto y el sudor y la saliva...
humedeciendo los eslabones carcomidos,
que no resistirán el peso tuyo y mío.
Mientras me acerco mas al abismo,
evoco tu sonrisa, tus besos,
Y yo... necio, me niego a ver el final.
Mi tristeza será la consecuencia,
que dejaste en tu paso por mis versos,
en las ojeras tuyas y en el insomnio mío.
Quizás mañana... o en un año;
en el ocaso incendiado por tu olvido,
volaré por fin con alas renovadas,
entre dagas menos aceradas.
y sabré por fin... y tú conmigo,
que no todo nuestro dolor fue en vano,
paralelos seguiremos sin buscarnos,
paralelos como dos extraños.