Khande Canes
Poeta recién llegado
Un vaso ardiente me reprocha
y yo apenas puedo negarme a él
mi musa líquida compite con mi razón,
la sensación, su calor, mis desilusiones.
En las cimas subterráneas de un rincón
quise volar y mis adentros me cazaron
como una presa indefensa me revolví en sangre,
y su hambre no cesaba y me consumía y me quería.
Y me mataba y me ahogaba y mi espejo reía,
sollozaban ya los ángeles cándidos de antaño
y mi año funesto me absorbió en vórtices
que me atormentan con su hábito insano.
Trabajan las Erinias en mi habitáculo,
desatan su negrura visceral sin pudor,
no quise saber de oráculos ni estrellas
y abracé la introspección y sus costillas noctámbulas.
Soliloquios con el humo ya sin fuerza
pues tormentas se despliegan en mi techo
mojándome con sus puñales fríos, y sus ojos,
y su cabello, y yo, trasojado, sin alcohol para olvidar.
y yo apenas puedo negarme a él
mi musa líquida compite con mi razón,
la sensación, su calor, mis desilusiones.
En las cimas subterráneas de un rincón
quise volar y mis adentros me cazaron
como una presa indefensa me revolví en sangre,
y su hambre no cesaba y me consumía y me quería.
Y me mataba y me ahogaba y mi espejo reía,
sollozaban ya los ángeles cándidos de antaño
y mi año funesto me absorbió en vórtices
que me atormentan con su hábito insano.
Trabajan las Erinias en mi habitáculo,
desatan su negrura visceral sin pudor,
no quise saber de oráculos ni estrellas
y abracé la introspección y sus costillas noctámbulas.
Soliloquios con el humo ya sin fuerza
pues tormentas se despliegan en mi techo
mojándome con sus puñales fríos, y sus ojos,
y su cabello, y yo, trasojado, sin alcohol para olvidar.