Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Recuerdo un silencio perezoso,
en una rendija de tu vestido
correteaban las miradas
por el hombro de la noche,
en un trago de huellas
con sabor a trenes
eras ventana complaciente,
las escaleras escuchaban
los reflejos de las voces,
desde el tejado mojado
la lluvia reía con nosotros,
el reloj desaparecido en combate
era amor que todo lo puede,
vivir muriendo en un eco
de la garganta de un verso,
repleto el vaso de sueños
el deseo de las paredes
se empapaba de nosotros
y los gatos escribían besos
en los ladrillos despeinados,
éramos lenguas rebeldes,
pieles jóvenes que crecían
en las uñas suicidas del río,
solos en un desierto cómplice,
agotados de tanto querernos.
en una rendija de tu vestido
correteaban las miradas
por el hombro de la noche,
en un trago de huellas
con sabor a trenes
eras ventana complaciente,
las escaleras escuchaban
los reflejos de las voces,
desde el tejado mojado
la lluvia reía con nosotros,
el reloj desaparecido en combate
era amor que todo lo puede,
vivir muriendo en un eco
de la garganta de un verso,
repleto el vaso de sueños
el deseo de las paredes
se empapaba de nosotros
y los gatos escribían besos
en los ladrillos despeinados,
éramos lenguas rebeldes,
pieles jóvenes que crecían
en las uñas suicidas del río,
solos en un desierto cómplice,
agotados de tanto querernos.
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