sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las calaveras de piedra estaban sumidas en los corazones de los diablos, y demás memorias estaban descritas bajo los labios de los guardianes de Olcrador. Este ogro era temido por los aldeanos de Quebranville, en donde cada palabra se descosía en los pedestales de las esferas de Rinfidor. Los apocalípticos planetas que daban la vuelta a los mundos como si fueran pelotas sin aire, pues de los terremotos y de los destrozos naturales la sangre emanaba entre los ardientes productos que harían de las rabias los desiertos embrujados, y demás gotas de sed, que desintegraban a los lugares de Arneter, el duende de los miserables, pues los miserables solo llevaban sus banderas hasta los crímenes, que eran habitados por ellos mismos, en un poder que no respondía al nivel de los caballos de Arneter. Las historias y los ritos que se acurrucaban entre los sonidos violentos y demás rabietas que se ensuciaban en los lagos de Crestor el gallo, pues era un gallo acuático, que podía nadar a una gran velocidad y cacarear haciendo burbujas en las aguas, para después sacar las palabras y cicatrizarlas en los orígenes de las altas artimañas. Los penetrables rincones de Quebranville, que eran descosidos y martirizados en los sucesos de las rabias, que continuaban en su resplandor sangrante, en donde los lloriqueos de Elfant Blaquior, el guerrero sin espada, que era como decir que los años sin sus palabras no podían describir las voluntades humanas, y que iba a decir las palabrerías de los brujos de Olcrador, pues estos se reían como si las cosas fueran su vapor, para después espantar a los espíritus y reciclar sus energías en los podios de los mensajes, ya que las carreras de las palomas de Insert el teniente mensajero, solo hacía que de las carreras, los ardientes laberintos fueran los espías por naturaleza, en donde las olimpiadas de Quebranville, que eran los deportes del misterio, y en donde los lugares siniestros y asustados con lo horrible iban a disparar a los mundos de Riuterman.